La vall de Gallinera
En esta ocasión os voy a descubrir los secretos de un guión. Planeta Bicicleta, la serie documental que nos tuvo un par de años disfrutanto de nuestras montañas, fue uno de los programas de mayor audiencia en Punt 2 y todavía hoy sigue repitiendose con cierta frecuencia.
Atrás quedaron horas de esfuerzo y sacrificio al aire libre. Horas de rodaje para minutos de programa. Planeta Bicicleta ha sido una de las series documentales de mayor audiencia que ha tenido Punt 2. Original en su planteamiento, dos ciclistas recorren nuestra Comunidad por las montañas de interior y transmiten, sobre la bici, su propia y particular visión del paisaje que les envuelve.
Prueba del éxito es su frecuente repetición en la cadena valenciana y en la televisión internacional. Y tras la imagen, noches enteras escribiendo el guión donde escena a escena, donde se describía con todo detalle lo que nos íbamos a encontrar. Entrevistas, visitas, casas rurales, encuentros, montaje de steadycam, etc, etc. Y por la mañana, un servidor, tras las noches de trabajo a presentar el programa, junto con mi compañera de viajes, Oriana Brunori.
En esta ocasión recorreremos la vall de Gallinera. En tres partes, podremos integrarnos con los protagonistas en una zona donde el tiempo parece que no haya transcurrido. Los valles de Gallinera, Ebo y Alcalá, por este último también discurre alguna de las rutas de nuestro centro de BTT el Comtat, se convierten en el escenario de nuestro viaje. Un viaje que culmina con la estancia en una casa rural preciosa y con la visita de aquellos lugares que a veces en bici, nos pasan desapercibidos.
Y como no, rescatado de mi ordenador, os adjunto el guión original. Así podeis seguir sobre el papel el documental si no se entiende el valenciano, aunque Canal 9 dispone también de los programas con versión en castellano.
Animo, poneros cómodos, y a viajar …………
La vall de Gallinera. Parte II
La vall de Gallinera. Parte III
Guión de locución
MAPA
Pego es el punto de partida de nuestra excursión. Ascenderemos hacia la cumbre de la Almiserà para seguir, por la parte alta de la sierra de la Foradà hasta la población de Alcalá de la Jovada, donde visitaremos la nevera y el despoblado morisco de la Atzuvieta. Pasando por Margarida llegamos a la Vall de Gallinera, y en el pueblo de Benissivà, nos alojaremos en una casa rural.
A la mañana siguiente subiremos de nuevo a la sierra, para esta vez volver por vall d’Ebo, visitando les Coves del Rull. Pasaremos junto al barranc de l’Infern, y llegaremos a Pego al atardecer.
TEXTO
Comenzar esta ruta en la pequeña ciudad de Pego, es un placer para nosotros. Conserva un casco histórico interesante y bien cuidado, a pesar del crecimiento que ha tenido la población en los últimos años.
Vivir en Pego es un privilegio. Situada entre la marjal y la montaña, es la puerta de entrada natural a los valles de la Gallinera y Alcalá. La cercanía del mar y la montaña hacen que se puedan practicar distintos deportes al aire libre.
El Centro Excursionista de Pego, realiza distintas actividades organizadas para todos aquellos que deseen conocer mejor los alrededores de la población. Dejamos atrás Pego por una de las calles medievales que conformaron el núcleo histórico y comenzamos la ascensión por el camino del Calvario.
Desde lejos, el valle de Pego constituye una clara unidad física y humana situada al norte de la comarca de La Marina Alta, justo al límite de la provincia de Valencia. Es, como se puede observar, una gran depresión rodeada de montañas.
El ascenso es duro, superamos un desnivel muy brusco en poco espacio. Las montañas de influencia bética tienen perfiles jóvenes, y su cercanía al mar las hace más difíciles de escalar. Con la cadencia y el desarrollo adecuado subiremos casi sin darnos cuenta.
Nuestro primer objetivo es alcanzar la cumbre del Almiserá. Esta montaña marca el inicio de la sierra hacia poniente. Con una altura de 757 m sobre el nivel del mar, la visión que tenemos desde ella es espectacular y son muchos los que la visitan solo por deleitarse con el paisaje.
Como sitio estratégico que es, tiene las instalaciones de un repetidor de televisión y un servicio de vigilancia forestal. Desde aquí podemos ver perfectamente la Vall de Alcalá y de La Gallinera, separadas por la sierra de la Foradá, cuya alineación sigue de este a oeste.
Su perfil está claro y bien delimitado por los dos valles. Las murallas de roca se extienden sobre una larga franja escarpada que se asoma sobre la Gallinera.
Por el otro lado, podemos ver los días de buena visibilidad, todo el litoral, hasta Cullera que está al fondo. La situación privilegiada de Pego, es evidente en estas imágenes. Al fondo, majestuoso… el Mongó. Dejamos la cumbre para dirigirnos hacia la Vall d’Alcalá. Ahora el resto del camino es muy suave y podemos ir más descansados, con marchas largas y poco esfuerzo.
La vegetación de esta zona es baja y poco desarrollada. Los constantes incendios la han reducido a una alfombra de matorral espinoso.
Pocos pinos quedan en pie y éstos ofrecen la presencia necesaria para romper la monotonía de un paisaje muy humanizado.
Cresteando por las lomas de Chap, nos vamos acercando a la Vall d’Alcalá, siempre siguiendo las partes altas de la sierra. Aquí podemos ver perfectamente nuestro camino.
Nos queda mucho por descubrir en estas tierras. Su pasado tiene un gran protagonismo. El desarrollo del turismo rural, en la zona ha recuperado viejas estancias, convertidas hoy en casas rurales.
Llegamos en suave pedaleo por un camino cómodo y poco transitado al cruce con la estrecha carretera que baja a la Vall de Gallinera. Por ella pasaremos otra vez mañana, en nuestro regreso, cuando vayamos hacia la Vall d’Ebo y el Barranc de l’Infern.
Hace buen tiempo y estamos deseosos de visitar la nevera de baix y el antiguo despoblado morisco. Nos incorporamos a la carretera dirección a la Vall d’Alcalá. Desde esta carretera vemos la alargada silueta de la sierra de la Foradá con mucha más nitidez.
Delimita la Vall d’Alcalá por el norte, y la sierra de Alfaro lo cierra por el sur. El nombre de Foradá le viene dado por una gran cavidad en forma de arco que atraviesa la pared de roca en uno de sus vértices. Alcanza en la cumbre del Tossal de la Creu los 912 m sobre el nivel del mar.
La Foradá es una montaña con encanto y peculiaridad propia, imprescindible para conocerla a pie, ya que un precioso sendero la recorre desde el valle de Gallinera al de Alcalá.
Una zona de descanso junto al camino, nos indica la desviación a seguir. La pista forestal que nos lleva a la nevera, está en mal estado, con mucha piedra suelta, lo cual es bueno porque evita que los vehículos lleguen hasta el final y es una manera natural de preservar las masificaciones de automóviles.
La nevera de baix toma el nombre por la ubicación que tiene, cerca de Alcalá de la Jovada. En ella se acumulaba la nieve durante el invierno y se almacenaba para poder ser repartida en verano.
Grupos de hombres, els nevaters, subían a la sierra tras las intensas nevadas de antaño para acarrear la nieve y, con palas, meterla en el interior del pozo, mientras otros la iban aplastando y separando con capas de paja. Una vez convertida en hielo, ésta era distribuida a las poblaciones.
En Valencia el consumo de nieve se generalizó a partir del siglo XVI, popularizándose en todas las clases sociales, hasta el punto de venderse en las calles. Se construyeron además grandes neveras de propiedad municipal para el suministro de las ciudades.
La nevera en la que nos encontramos tiene un pozo de nueve metros de diámetro por diez de profundidad, y una capacidad para almacenar hielo de 700 metros cúbicos. El pozo está todo prácticamente excavado en roca viva, y se conserva en perfecto estado la cubierta realizada en mampostería y mortero. El sitio es ideal para reponer fuerzas, con un poco de fruta y continuar nuestro camino.
La carretera que nos lleva a Alcalá de la Jovada, está en muy buenas condiciones y con poco tráfico de vehículos; Es ideal para recorrerla en bicicleta. En pocos minutos llegamos a la desviación que nos lleva al despoblado morisco de la Atzuvieta.
Por un antiguo puente, llegamos a los restos arqueológicos de L’Atzuvieta que se conservan en bastante buen estado. Es el poblado morisco más interesante y mejor conservado de toda la Comunidad Valenciana.
Los materiales de construcción han sido siempre muy pobres y las casas de los antiguos pobladores musulmanes apenas se mantienen en pie. La estructura de las calles, con arcos cruzados y adaptadas a la difícil orografía del terreno, nos recuerdan las medinas de Marruecos o de los países islámicos.
Todas las casas están construidas en piedra, argamasa y tapial, poseen también establo, vivienda y corral. Las calles son muy estrechas y a veces cruzadas con arcos diagonales que parten de los muros. Hay una casa de mayor tamaño que domina todo el poblado. En su fachada, hay dos puertas con arco de medio punto.
Está situada frente a la plaza, probablemente fue el centro de reuniones de sus habitantes. Detrás, ocultos por la vegetación, se encuentran los restos de la mezquita. Dejamos el despoblado para continuar nuestro camino hacia Alcalá de la Jovada, el pequeño y encantador pueblo que ejerce como núcleo principal de la Vall d’Alcalá. Repoblado por mallorquines, al igual que los demás pueblos de la zona, fue adaptado a las necesidades de sus nuevos habitantes.
Las calles de la población conservan el antiguo trazado medieval y las casas han sido restauradas con gusto. Los edificios que rodean la plaza central de Alcalá, incluido el propio ayuntamiento, y la actual iglesia, levantada sobre la antigua mezquita, ocupan el solar que fue el palacio de Al Azraq, único monarca musulmán capaz de enfrentarse a Jaime I.
Al Azraq, verdadero dueño y señor de estas montañas, fue vencido en una batalla a las puertas de Alcoy. Su rostro se representa en una fuente de bronce en la misma plaza de Alcalá.
La zona cuenta con una casa rural, un restaurante en la plaza del pueblo y el camping la Vall como recursos turísticos de restauración y alojamiento. El camping, situado a las afueras, es un lugar muy concurrido y visitado, también conocido por su excelente cocina. En toda esta zona la gastronomía tiene mucho que ver con la historia.
Pasamos por Margarida, población cercana y que también tiene un buen lugar para alojarse, l’Almàssera, una antigua almazara de aceite convertida en casa rural.
A buen ritmo y por una tranquila carretera pasamos a la Vall de Gallinera. El día acorta y tenemos que darnos prisa para llegar a nuestro alojamiento antes del anochecer. Los pueblos de la Vall de la Gallinera aparecen como una misma unidad municipal. Benisili, Llombai, Al Patró, La Carroja, Benitaya, Benalí y Benisivá, que es el lugar donde dormiremos, son el mismo municipio, aunque sean núcleos urbanos distintos y distantes.
Llegamos a Benisivá y tras la plaza de la iglesia se encuentra la Casa Gallinera, un magnífico alojamiento rural. Situada en el mismo centro del pueblo, es una casa compartida que presta alojamiento con desayuno y ofrece la posibilidad de reservarla entera. Es de finales del siglo XVIII, y está totalmente restaurada.
En ella nos encontramos con el escritor y periodista, Ignasi Mora. Autor de varias novelas y director de la revista viajeros, Ignasi ha obtenido distintos premios literarios por sus novelas, todas ellas escritas en valenciano. De aire clásico y personalidad singular, son excelentes trabajos de prosa literaria donde el autor nos introduce en el juego entre la ficción y la realidad.
Salimos de la casa para cenar. Nuestro alojamiento no tiene cocina pero muy cerca, se encuentra el restaurante de Joana, un referente gastronómico en toda la Vall de Gallinera. Hace dieciséis años que se trasladó aquí con su marido. Su restaurante, ahora reconocido internacionalmente, tan sólo abre dos días a la semana y llegan de todos los pueblos de la Safor para probar sus platos, basados en recetas tradicionales pero con toques intensos de la nueva cocina. La presentación y el buen gusto caracterizan todos los platos de Joana.
Amanece con lluvia en la Vall de Gallinera. Esperamos que despeje el tiempo para partir. No es lo mismo que la lluvia nos coja de camino que partir con ella. Sería absurdo mojarse sin motivo, y el resto del día continuar así. Es razonable esperar que pase para iniciar la vuelta hacia Pego. Queda mucho camino y la ventaja de que la totalidad de la vuelta sea por asfalto, no convierte el barro en un problema. Aprovechamos la lluvia para disfrutar de la casa, leer o charlar con sus dueños.
Toda la reforma de la casa, está hecha por Javier, uno de los socios y decorador de profesión. Ha llenado de recuerdos y objetos de buen gusto la planta baja de esta antigua casa de pueblo, rehabilitada con diversos ambientes de lectura, reposo y restauración. La luz natural adquiere un protagonismo muy importante en los espacios.
Sus propietarios nos reciben, como suele ser habitual en las casas rurales, con amabilidad y predisposición. Javier y Pascual, llegaron a Benisivà con la idea de montar su casa y compartirla con sus huéspedes. Aquí han hecho nuevos amigos, se han integrado con los vecinos y tienen el ritmo de vida que buscaban.
La piscina, el jardín, las terrazas y las habitaciones forman un conjunto de relativo aislamiento, totalmente integrado, que invitan a venir a descansar, practicar el senderismo o la bici.
Partimos de la casa sin lluvia. El tiempo es amenazante pero el camino de vuelta es largo y no podemos demorarlo más. Bien abrigados y con los impermeables puestos, partimos hacia Pego, final de nuestra ruta. Recorremos algunas calles de la localidad, pintoresca y muy bien conservada.
Estos pueblos parecen anclados en el tiempo y aún mantienen vivas las raíces moriscas de este valle de la montaña alicantina. Comenzamos nuestro recorrido hacia la sierra de la Foradá.
Dejamos atrás Benisivà y comenzamos a ascender. Bien reguladas las marchas, las subidas fuertes no tienen por qué ocasionarnos problemas. Siempre es conveniente utilizar la marcha adecuada, no sólo porque evitaremos lesiones en las rodillas, sino también por otros factores más técnicos….
Ya en la parte alta de la sierra, la vista sobre la totalidad de la Vall de Gallinera es todo un regalo para nuestros ojos. Los pueblos que forman parte del valle pueden verse casi en su totalidad.
Al fondo, el río Gallinera es el eje vertebrador de todos ellos. De él, de sus exiguas aguas mediterráneas, obtuvieron la clave para vivir. Molinos, huertos, acequias y fuentes se extienden a lo largo del valle para seguir dando vida a sus habitantes. Ahora el hombre no necesita de la explotación de sus montañas para sobrevivir, pero ellas necesitan de nosotros para volver a recuperarse. Sus bancales abandonados pueden volver a ser plantados, pero ahora de árboles nobles como antiguamente ocuparon la sierra.
Siguiendo el antiguo camino que une ambos valles, llegamos al cruce, que nos lleva en dirección a Vall d’Ebo. En esta ocasión nos desviaremos hacia la izquierda. Circular por esta tranquila carretera, es todo un placer. Rodeada de bosques de pino y suaves pendientes, el camino se hace ameno y muy agradable.
Poco antes de llegar a la Vall, nos encontramos junto a la carretera les Coves del Rull. Esta serie de cuevas, que no han sido investigadas en su totalidad, son de una singular belleza por las extrañas formaciones de estalactitas y estalagmitas.
Ya nos acercamos a La Vall d’Ebo, que es una población situada en el centro del valle que lleva su nombre. Junto a ella pasa el río Ebo que forma, aguas abajo, el río Girona. La Vall d’Ebo está muy delimitada por la Almiserá y la sierra de la Carrasca.
Recorremos sus calles de Vall d’Ebo con tranquilidad. Los jubilados extranjeros ven en estos pueblos de interior un lugar donde pasar el resto de su vida. El clima es el factor que más condiciona la elección.
La Vall d’Ebo es punto de partida de numerosas excursiones, pero la más conocida es la que transcurre por el Barranc de l’Infern, que es en realidad el río Girona en su parte más inaccesible. También los senderos recorren los lugares más interesantes del entorno.
Una vez fuera del valle, en las cercanías del Alto de Pascual, un mirador nos invita a detenernos y contemplar el Barranc de l’Infern. Este profundo cauce, inaccesible en su tramo medio si no se disponen de técnicas de escalada, es muy frecuentado por excursionistas, algunos de ellos no preparados, que han tenido más de un disgusto allí. El barranc de l’Infern se ha cobrado muchas víctimas por imprudencia y desconocimiento. Visitarlo es apasionante, pero siempre que se vaya acompañado de un experto espeleólogo o escalador con todo el material necesario.
Los últimos kilómetros hasta llegar a Pego son emocionantes. La presencia del mar se vuelve a intuir a lo lejos y las montañas de la marina están de nuevo frente a nosotros.
La estrecha carretera de la Vall d’Ebo baja como una gigantesca serpiente que busca, indecisa, su paso hacia el mar. Son momentos de relajación por las experiencias vividas y el conocimiento adquirido. Son momentos también de atención porque queda poca luz y el anochecer se nos ha echado encima. El retraso en la salida por la lluvia hace que no nos podamos demorar. De ahí la importancia de salir temprano siempre que se pueda.
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José Manuel Almerich
Escritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]


















