El molino de Champín


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En 1900 se llamó el Molino de la Luz, y daba electricidad a Alborache, Macastre y Yátova. Todavía sigue aparenciendo en los mapas con el nombre original pero todo el mundo lo conoce como el Molí de Champín.

Luis Champin es una de esas personas con que la vida te sorprende en cuanto lo has conocido. Uno de esos hombres que se entrega a sus amigos, y éstos a su vez, nunca lo olvidan. Y por mucho tiempo que pase, cuando lo vuelves a ver, parece que fue ayer cuando estuviste con él. Vinculado al mundo del ciclismo de montaña desde su jubilación, Champín es un ejemplo de como podemos llegar a prácticar nuestro deporte a cualquier edad, y conocer a fondo el patrimonio cercano que nos rodea.

Luis heredó de sus antepasados el Molino de la Luz, muy cerca de Alborache. Lo ha mantenido como uno de los más preciados bienes familiares. Está en estado precario porque su cuidado no es fácil. Pero aún así, la conservación está asegurada porque él va reparando poco a poco los desperfectos que el paso del tiempo y su cercanía al río le han ocasionado. Hace unos días nos invitó a conocerlo. Y cerca del molino pasa una ruta senderista, y otra de bicicleta que parten de Alborache. Una invitación a recorrer el río Buñol por su ribera y llegar hasta la confluencia con el río Juanes, o bien completar la ruta por las montañas de Yátova y Macastre.

Uno de los paseos más recomendables es seguir el cauce del río hasta llegar al Molino Galán, al que le dedicaremos un post en otra ocasión. La ruta para senderismo que perfectamente puede ser utilizada por ciclistas por la anchura del camino, se puso en marcha desde Alborache y se conoce precisamente, como la Ruta de los Molinos, y discurre por el cauce del Río Buñol. La iniciativa ha querido recuperar un sendero ya existente, adecuarlo y señalizarlo para que se convierta en un atractivo turístico, y para ello se ha escogido una ruta entre los molinos del término. Dos antiguas centrales hidroeléctricas que abastecían a Alborache, Macastre, Yátova y Buñol en el siglo XIX y principios del XX, el Molino Galán y el Molino de la Luz son los dos principales puntos de interés de la ruta, que también pasa por una zona natural de gran valor, el Charco Azul. El Molino Galán ha sido recuperado por la iniciativa privada y es una Masía Rural de notable éxito entre el turismo de interior. 

En la actualidad, además de este sendero, Alborache cuenta con dos más de corto recorrido, ambos con punto de partida y llegada en el propio término municipal. Son el PR-CV 192, que visita lugares como la Cueva del Santo y el bosque de la Ceja, o los barrancos del Murteral y el Regajo, y el SL-CV 31, que bordea el municipio pasando por los dos albergues, el Charco Azul, y que pasa al término de Yátova para adentrarse en la Cueva de las Palomas.

Hace unos días nuestro amigo Champín nos invitó a una comida en el molino. Allí pudimos observar la recuperación del río Buñol, antaño uno de los ríos más contaminados de España, donde ahora el agua corre cristalina e incluso pueden verse en las pozas buenos ejemplares de barbos, madrillas, gobios de río e incluso alguna trucha fruto de repoblaciones. Esto hace años era impensable por el estado de su curso que recibía, sin depurar, las aguas residuales de las papeleras de Buñol.

Desde el cierre de las papeleras de Buñol y la puesta en marcha de la depuradora, el rio Buñol y su afluente el río Juanes han vuelto a la vida. En apenas unos años, sus aguas son de nuevo transparentes y en ellas viven también los caracolillos negros (Theodoxus velascoi) y gambas de río, que son síntoma de aguas puras.

En 1845 Pascual Madoz señalaba en Alborache un total de cinco molinos harineros. La fuerza hidraulica provenía de los ríos Juanes y Buñol mediante un singular sistema de azudes y partidores. Del último de ellos, del Azud de la Luz que recogía el agua sobrante de las acequias y los azudes anteriores, se nutrían para obtener energía el Molino de la Luz y el Molino de Zanón. En 1960 fue adquirido por Hidroelectrica Española y desde entonces dejó de funcionar. Hasta ese momento no solo daba luz a Alborache y su alumbrado público, sino que también suministraba electricidad a las poblaciones de Macastre y Yátova, y sus serrerias. Su actividad original fue la molturación, que consistía en el proceso de trituración del trigo, transformándolo mecánicamente, por medio de dientes que ejercen presión sobre los granos más gruesos, destruyendo su estructura, a fin de conseguir harina en polvo, para posteriormente convertirse en fábrica de luz en 1909 hasta 1960.

Poseía dos plantas, con un tamaño de 20 x 25 m y dos cárcamos o bóvedas por las que circulaba el agua. La acequia continuaba aguas abajo, hasta la papelera Zanón, un antiguo molino papelero junto al puente de Turís, incrementada con los sobrantes de la acequia de la Huerta de Arriba que procede de otra balsa, la balsa de la Obra.

Los molinos hidraulicos para la molturación del trigo ya eran conocidos por los árabes. Según el Llibre del Repartiment, se citan un buen número de estos molinos construidos por los musulmanes que con la conquista, pasaron al control señorial. La actividad molinera era una de las fuentes de ingresos por los tributos a los que eran sometidos por parte del señor feudal. Muchos de ellos se convirtieron, a principios del siglo XX en fábricas de luz, en batanes o en fábricas de papel.

El molino de Champín, o molino de la Luz, es un testimonio de la explotación sostenible de los recursos naturales. El agua era aprovechada de molino en molino, y retenida en los azudes que se iban alimentando uno tras otro. Durante la noche la balsa se iba llenando para dejar el agua caer con fuerza por el bocín y mover los rodeznos por los cárcamos. El agua que movía los rodeznos y éstos a su vez, las piedras de moler el trigo, volvía a salir por el socaz, o canal de fuga, para volverse a aprovechar siguiendo el curso de una nueva acequia. Y así sucesivamente hasta el final del ciclo cuyas aguas volvían al cauce o regaban los huertos de las poblaciones.

Cuando de descubrió la electricidad, algunso de ellos pasaron a fabricar luz e iluminar los pueblos y pequeñas industrias. Con el monopolio de las grandes compañías electricas, estas pequeñas fábricas de luz desaparecieron para siempre. En sus ruinas podemos entender que los molinos en realidad, eran los motores de la economía rural, y que su densidad, era la densidad de sus habitantes. Y gracias a ellos, pueblos enteros, aldeas y comunidades campesinas pudieron sobrevivir.

Texto y fotografías: José Manuel Almerich

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Categorías: Comunitat Valenciana, Lugares con encanto, Nuestros protagonistas
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Comentarios

  1. 01 16 Abril, 2012 | jjds |

    pues tabarla esta muy bien

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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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