L’estret de l’Infern


Cicloturismo por la antigua via de ferrocarril Alcoi-Gandía

Pocas oportunidades nos ofrecen las montañas mediterráneas para seguir íntegramente durante un día entero, el cauce de un río. Pocas oportunidades tendremos también de conocer un bosque de ribera que mantiene toda la pureza y biodiversidad a lo largo de un curso fluvial. Pocos ríos quedan también en buen estado de conservación en todo el litoral peninsular y que su cauce además, no se haya visto jamás alterado por la intervención humana, excepto para servir como vía natural de paso.

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El cauce del río Serpis, también conocido como “Riu d’Alcoi” es una de esas fascinantes sorpresas y será, siguiendo una antigua vía de ferrocarril abandonada, la primera propuesta de nuestra guía. Cultura, historia, naturaleza y deporte se unen en esta excursión ideal para conocer en profundidad el único río alicantino con curso de agua permanente durante todo el año.

El río Serpis nace en Mariola, muy cerca de Alcoi y el Carrascar de la Font Roja, y se forma por una serie de barrancos que confluyen en su cabecera. Un número indeterminado de pequeños pero sinuosos afluentes y un sinfín de fuentes a lo largo de su trazado le van alimentando en su andadura. Pero serán las nieves del invierno las que le proporcionan el mayor caudal en primavera. El elevado índice de pluviosidad de la sierra de Mariola, gracias a los vientos húmedos de levante hará que el Serpis tenga durante todo el año, agua de forma permanente.

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Cuando en 1893 la Harbour Company Limited se planteó la construcción de un ferrocarril que uniese el puerto de Gandía con Alcoi, con la finalidad de transportar carbón para la industria, y bajar los productos manufacturados hacia el mar, utilizaron la única vía natural posible: el cañón formado por el Serpis, un paso a través de un impresionante desfiladero, conocido también en el estrecho del Infierno o el racó del Duc.
El Serpis cumplió entonces la misma función para la que parece han sido aprovechados los ríos más importantes del planeta: Vía de comunicación, aporte de agua para las poblaciones, creación de regadíos, alimentar un embalse, el de Beniarrés, generar energía y hacer posible la fértil huerta histórica de Gandía. Un río sinuoso, como indica su nombre, que serpentea y crea meandros, que permite el crecimiento de una vegetación exigente, casi selvática, y en ella, toda la variedad de especies de flora y fauna que necesitan esta protección para vivir.

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La ruta que proponemos parte de Lorcha, concretamente del albergue donde se ubica el mismo centro de BTT. Lorcha es una población pequeña, tranquila, de origen incierto, cuya actual ubicación responde a una antigua alquería musulmana que fue, propiedad del caudillo musulmán Al Azraq. En sus estrechas y blancas calles podemos todavía observar reminiscencias moriscas, aquellos musulmanes que fueron relegados al interior por los cristianos y cuyos restos arqueológicos siguen visibles.

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Cruzado el puente sobre el río Serpis, seguiremos en ascenso hasta enlazar, a la altura de la vieja estación abandonada, con la plataforma del ferrocarril de los ingleses. (El trenet dels anglesos, como se conocía popularmente) Muchos indicios quedan latentes de esta utilización: escaso desnivel, abundancia de piedra de machaca que servía de soporte a las vías, cortes en trinchera para atravesar la montaña, restos de cables que suministraban la electricidad, estaciones de almacenamiento de carbón, y si nos fijamos, todavía hoy encontraremos en el suelo restos del mineral que fue el motor de la industria alcoyana. Podríamos denominar nuestra excursión como cicloturismo arqueológico. Al llegar a la vía verde veremos frente a nosotros el castillo de Perputxent.

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Este castillo de origen musulmán es del que toma el nombre el valle en el que nos encontramos: una micro comarca con personalidad y características propias, marcada como tantas, por la presencia humana y condicionada por su propia geografía. Han quedado atrás las fábricas de papel que antaño contaminaron nuestro río. Hoy muy controlado, el agua del Serpis se encuentra en buen estado, y no es difícil capturar alguna trucha, e incluso barbos y madrillas. Pero aún así, sus aguas necesitan una vigilancia permanente.

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Seguimos avanzando por la antigua vía de ferrocarril. Pocos kilómetros serán necesarios para adentrarnos en el abrupto cañón, entre elevadas paredes calizas y alcanzar cierta altura sobre el lecho del río que queda a nuestra derecha. En esta zona es donde podremos contemplar la riqueza que supone la vegetación de ribera. El bosque galería, como su nombre indica, se prologa a lo largo del margen del río creando una maraña impenetrable, verdadero paraíso par infinidad de aves, muchas de las cuales, observaremos sin problemas. Sauces, tamarindos, olmos, chopos, álamos y temblones alcanzan su máximo esplendor en otoño, estación en la que estas especies parecen explotar por la intensidad de color. El cromatismo que alcanzan los bosques de ribera hace que parezca un paisaje muy distinto al que estamos acostumbrados en tierras alicantinas y muy diferente al aspecto que ofrecen en invierno o primavera.

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A apenas cuatro kilómetros de Lorcha habremos pasado el primer túnel. Comienza la emoción, y comienza la aventura, especialmente si vamos acompañados de los más pequeños, ya que esta ruta es ideal para recorrerla en familia, o con aquellos amigos que deseas que por primera vez, se adentren en el apasionante mundo de la bicicleta de montaña.

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A partir del kilómetro seis nuestro camino desciende y con mucha precaución, cruzaremos el río. Sobra decir que debemos evitar pasar si el río va crecido, o si hay peligro de avenidas. Recordemos una vez más que estamos en un clima mediterráneo, donde llueve en abundancia, a veces de forma trágica, en los meses de octubre y noviembre, cuando el vapor del mar embolsado en altura provoca, en algunas ocasiones, la gota fría. Ríos de poco caudal o barrancos sin agua la mayor parte del año, pueden convertirse en un peligro si estamos cerca de ellos.

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Hecha esta advertencia, que a buen seguro tendremos en cuenta, cruzaremos el río por vado de hormigón. A la derecha queda la una antigua fábrica de luz, un testimonio de lo que fue el aprovechamiento racional y energético de los recursos naturales. Pequeñas centrales eléctricas que se nutrían del cauce de los ríos, y suministraban la energía a los pueblos e industrias cercanas. Sin apenas impacto y sin alterar el cauce con presas. En esta fábrica de luz, en este apartado lugar en el que nos encontramos, llegaron a vivir hasta catorce familias y contaba con iglesia, taberna y tienda de comestibles.

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Seguiremos nuestro camino dejando atrás la fábrica de luz y cruzaremos un puente. Previamente habremos pasado dos túneles, hasta que llegaremos a uno que vemos la luz al final. Pero el segundo es el más largo de todos y precisaremos de una linterna o frontal para pasarlo, ya que llega un momento que la oscuridad es absoluta. Es importante la luz también para que nos vean, ya que aunque es poco frecuente, puede pasar algún vehículo.

Apenas seiscientos metros tras el último túnel ya nos desviaremos hacia la derecha en fuerte subida. Aquí abandonamos la vía que más adelante se corta bruscamente. Cuando fue desmantelada, se llevaron también el puente para aprovechar el hierro. Esta subida que marca el último tramo de nuestro itinerario, está cimentada pero tiene un fuerte desnivel. Nos dirigimos hacia el circo de la Safor. Una vez en la carretera, un punto de información junto a la cantera nos indica el final de nuestra ruta, aunque en las siguientes propuestas, esta indicación no es el final, sino señal de continuación. De hecho, si desde la cantera quisiésemos bajar a Villalonga, o a la caudalosa Font de la Reprímala, es tan sencillo como desviarnos a la izquierda y dejarnos caer sin pedalear en una bajada apasionante. Frente a la fuente de la Reprimala e incluso más adelante, se encuentran algunos restaurantes donde podemos reponer fuerzas.

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El circo de la Safor, que desde este último punto de información podremos contemplar en toda su inmensidad, es uno de los paisajes más sublimes y vigorosos de todo el litoral mediterráneo. Una sierra circular, que como un inmenso anfiteatro abierto a los vientos de gregal, se eleva en verticalidad desconcertante más de mil metros de altura sobre el nivel del mar.

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Categorías: Comunitat Valenciana, Excursiones
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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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