El Port de Silla


Un paseo en bici de Silla a la Albufera

Dicen algunos geógrafos que jamás podremos conocer bien la verdadera Albufera sin no la cruzamos en barca de vela latina desde el Port de Silla hasta el Palmar. Sólo así se podrá descubrir la belleza de un lago que ha formado parte de la vida de la cultura y la vida de los valencianos desde la época islámica.

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No en vano la palabra Silla viene del topónimo síhla, que significa tierra de aluvión, y la Torre musulmana de la plaza del pueblo es el edificio de mayor relevancia histórica. Construida en el siglo XII tenía la misión de defender la ciudad de Valencia y todo su perímetro de huerta, formando parte del arco defensivo en el que también estaban la Torre de Torrent, la Torre de Espioca en Picassent, la Torre Musa en Almusafes, el castillo de Aledua en Llombai y la Torre Bufilla de Bétera.

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Llegar al Puerto de la Albufera  desde la población de Silla es adentrarse en un paisaje agrícola que, aunque ha sido profundamente alterado, conserva todavía cultivos tradicionales que han ido dando paso poco a poco a los cítricos y a medida que nos acercamos al lago, a los campos de arroz. Podemos observar cómo el proceso de transformación del lago ha supuesto el paso de la marjal al cultivo del arroz, y de estos últimos a campos de naranjos, aunque muchos de ellos han sido abandonados por la crisis o por las perspectivas de especulación urbanística.

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Aún así el entorno una vez dejadas atrás las últimas casas de la población, el paisaje agrícola va ganando pureza y son muy representativos los sequers, siendo junto a este camino donde se concentran la mayor proporción del término, que son espacios abiertos donde se dejaba secar el arroz, volteándolo con frecuencia, antes de ser procesado por el molino y desprovisto de su cáscara. Muchos de ellos ya no tienen esta función que evitaba que el arroz se estropease por la humedad, porque han sido sustituidos por procesos mecánicos que realizan este secado en naves cerradas a veces muy alejadas del propio campo.

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También es interesante destacar la presencia de motores, como el Motor del Salvador, construido en 1944 cuya función es la de elevar el nivel del agua y su vaciado de los campos, para todo el proceso del cultivo arrocero, ya que la inundación natural de los ríos Júcar y Turia en sus excedentes, o la propia lámina de agua cuando cierran las compuertas de la Albufera hacia el mar, no es suficiente para inundar los campos en las cotas más elevadas como es el caso del término de Silla.

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Estos motores tienen en esta zona perimetral una gran densidad, ya que sólo en el término municipal se contabilizan 48 edificios, muchos de ellos como el motor del Salvador, construidos con una arquitectura sobria y funcional que alberga en su interior los diferentes elementos mecánicos del motor de bombeo, con un espacio reservado a veces para guardar las herramientas del campo.

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El Port de Silla al que llegamos en apenas unos pocos kilómetros desde la población, es uno de los tres puertos que tiene el lago de la Albufera. Junto con el Port de Catarroja y el del Palmar, permitían el transporte en barcas de madera de pescado, arroz, alimentos, hierba para los animales, juncos, cañas e incluso tierra de un lugar a otro del lago para colmatarlo y crear nuevos campos. Este tránsito permitía también la comunicación y el transporte de mercancías entre la ciudad de Valencia y el Palmar, una isla en mitad de la Albufera dedicada a la pesca y al cultivo del arroz.

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Es por tanto un enclave de elevado valor etnográfico donde pueden aún hoy verse las barcas de madera cuidadas y restauradas por aficionados para una fin muy distinto a la que fueron construidas.

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El puerto, un lugar solitario entre semana y con cierto encanto, además de mantener unas aguas relativamente limpias, alberga en la actualidad un Club deportivo de vela latina y de piraguismo donde practicar este deporte para disfrutar del lago sin finalidad competitiva.

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La Vela Latina un espectáculo de belleza ancestral que puede contemplarse cada vez que realizan alguna de sus exhibiciones, al menos siete al año como nos comenta Josep Chaqués, el presidente de la Federación de Vela Latina que, junto con el editor Francesc Ferrer,  nos los encontramos reparando  y pintando la Samborineta,  como hacían, año tras año, los pescadores del lago.

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El entorno ha sido mejorado y acondicionado aunque todavía queda mucho por hacer para que pueda ser visitado y disfrutado como se merece. Unas barracas de pescadores construidas a la manera tradicional permiten que puedan alquilarse para comer (hay que traer la comida) y las instalaciones del Club Deportivo de Vela que permite el acceso por un puente elevadizo.

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Es muy recomendable y una experiencia sorprendente, recorrer a pie o en bici la orilla derecha del canal hasta llegar al lago. Ya casi al final, con la visión frente a nosotros del lluent como lo denominaban los árabes, la lámina de agua enmarcada entre les mates donde se refugian y anidan cientos de aves, nos sentiremos inmersos en uno de los paisajes más solitarios y silenciosos de toda la Albufera.

Texto y fotografías: José Manuel Almerich

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Categorías: Comunitat Valenciana, Excursiones, Lugares con encanto
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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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