El Cap de l’Aljub


Una propuesta de excursión por la costa, el cabo y la sierra de Santa Pola

Pocos lugares junto al mar quedan ya libres de urbanizar. Las últimas sierras litorales luchan por sobrevivir en un entorno y excesivamente humanizado. Preservar estos paisajes para el futuro debería ser la prioridad absoluta, por nosotros y por los que nos suceden, si no queremos acabar definitivamente con el atractivo, que allá por los años sesenta, atrajeron a los primeros turistas.

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Cuando hablamos de turismo de playa, olvidamos con frecuencia otros valores que limitan de forma injusta el conocimiento de nuestras costas. Cientos de turistas las visitan cada año sin mayores pretensiones que tomar el sol, descansar y disfrutar de un buen baño en sus aguas transparentes pero lugares como la sierra de Irta, la última franja virgen declarada Parque Natural, la Serra Gelada de imponentes acantilados frente al mar, o la sierra de Santa Pola pasan desapercibidas cuando son lugares únicos donde todavía puede observarse lo que fue el paisaje primigenio del litoral mediterráneo.

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Santa Pola es, sin lugar a dudas, la población alicantina que mayores alicientes y diversidad de paisajes posee, y además de la playa virgen de el Pinet, las salinas y las dunas, la sierra de Santa Pola es uno de los escasos ejemplos de arrecife fósil de todo el mediterráneo penínsular. La sierra de Santa Pola, conocida desde antiguo como el Cap de l’Aljub, es una verdadera joya geológica y paisajística, injustamente olvidada y desprotegida. En sus orígenes la sierra de Santa Pola fue una isla, puesto que la línea de costa se encontraba mucho más al interior. Batida por el oleaje, se fueron modelando los acantilados que, muy cerca del mar, alcanzan los 143 m de altitud.

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Hace 20 millones de años se levantó este gran domo que conforma actualmente una meseta ligeramente basculada hacia el oeste. A su importancia geológica va ligada la excepcional riqueza botánica, mucho más abundante y variada de lo que a simple vista parece. Distintas comunidades vegetales habitan el paraje, y algunas especies son únicas y exclusivas de esta zona. Los endemismos como la biscutella lucentina, que crece en los rincones más agrestes y umbríos de los barrancos de la sierra, es una planta limitada a la zona meridional alicantina. Desde las bosquinas semiáridas hasta las especies introducidas por el hombre como el eucaliptus, la mimosa, el ciprés o el pino carrasco, la sierra conserva una vegetación que soporta al límite los veranos calurosos y la sequedad de un clima extremo, amen de la presión antrópica a la que siempre se ha visto sometida. La sierra conserva también un patrimonio cultural muy interesante, centrado sobre todo en los algibes, construcciones para recoger el agua de lluvia ante la inexistencia de fuentes, antiguas explotaciones abandonadas, casas de campo, veredas y los bunkers de la guerra civil que, dispersos por la sierra y estratégicamente situados, son mudos testigos de lo que fue la peor tragedia de España.

Bajo, junto al mar, en la franja litoral que rodea el domo, una serie de calas y dunas fósiles se alternan siguiendo la línea de costa hasta las playas del Carabassí donde las dunas de arena avanzan tragándose los olivos y algarrobos que un día el hombre plantó en su camino. Junto a la ermita de Santa Bárbara, ya en término de Elche, el paisaje se enriquece y las playas aquí, sin alteraciones urbanísticas, alcanzan unas dimensiones considerables. Cerca, el Clot de Galvany limita limita la sierra por el norte, un paraje de dunas que han ido poco a poco creciendo y desarrollándose.

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Pocos saben que el deporte más extendido y popular hoy en el mundo entró en la Comunidad Valenciana por Santa Pola. Allá por mayo de 1900, un grupo de marineros ingleses del buque Theseus practicaban durante sus ratos de ocio, en Playa Lisa un extraño juego que denominaban foot-ball. Ante los atónitos ojos de los pescadores, este grupo de marineros perseguían todos un balón, con la intención de meterlo con los pies en unas inmensas porterías, entoces delimitadas por piedras. Esta anécdota, una de las tantas que conserva Santa Pola, tuvo lugar en Playa Lisa, que como su nombre indica, es tan llana que a veces, por la noche, la arena se confunde con el mar. Cerca de ahí comienza la playa de Pinet, considerada reserva integral y perteneciente al parque natural de las Salinas de Santa Pola.

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Nuestra propuesta de excursión parte de los Arenales del Sol, o si se prefiere, también desde Alicante. Siguiendo la linea de costa podemos bordear la sierra entre el mar y la montaña en un paisaje sobrecojedor, solitario e impresionante por su buena conservación. Hacia el mar, la isla de Tabarca se ve con claridad e invita a visitarla como complemento a nuestra excursión. Poco antes de llegar al paseo marítimo, accederemos a la parte alta de la isla para alcanzar el faro de Santa Pola elevado a ciento cuarenta metros de altura y desde aquí, podremos disfrutar de las extraordinarias vistas sobre la totalidad del litoral. Cerca también, restos de nidos de ametralladoras, testigos silenciosos de la Guerra Civil, quedan dispersos por la sierra en posición estratégica frente a los acantilados.

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De nuevo al nivel del mar, seguiremos el paseo marítimo siguiendo la linea de costa pasando por Santa Pola del Este, Varadero y las playas de Santiago Bernabeu. Pasado el pueblo alcanzaremos Playa Lisa y las salinas de Santa Pola cuyas montañas de blanca sal recuerdan extrañas colinas nevadas.

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Una excursión sencilla, familiar, ideal para ir acompañados de los más pequeños, sobre todo en esta época del año en que Santa Pola se encuentra tranquila y, a pesar del invierno, mantiene unas temperaturas templadas y agradables. Siguiendo eso sí, los consejos de seguridad vial en aquellos lugares, como la cercanía al puerto, cuyos viales se comparten con el tráfico rodado. Una visita al castillo, o a la cercana Tabarca, completarán un extraordinario fin de semana en una de las localidades más marineras de toda la Comunitat Valenciana.

José Manuel Almerich

www.almerich.net

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Categorías: Comunitat Valenciana, Excursiones
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José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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