La Sierra del Tello


También conocido como la Serreta o el Besorí, el Tello es un paraje protegido ideal y cercano para recorrer en bicicleta de montaña

El Tello, situado en el término municipal de Llombai, es un paraje natural protegido por la Generalitat Valenciana desde mayo de 2005. Ocupa una extensión de poco más de 1000 Ha con una altitud máxima de 361 en la cumbre del Tello y que abarca también los terrenos colindantes con cultivos tradicionales de secano y regadío en la ribera del Magro.
El paraje pertenece a la estribación montañosa donde confluyen los términos municipales de Alfarp, Catadau, Llombai y Picassent que se corresponde con las últimas alineaciones del Sistema Ibérico sobre la llanura litoral de la Ribera Alta, comarca a la que pertenecen también los pueblos mencionados.

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Es uno de los parajes municipales más extensos de la provincia de Valencia y su valor paisajístico es especialmente significativo por encontrarse muy cerca del mar y ser la mayor elevación de comarca, destacando sobre la plana aluvial con presencia de diferentes barrancos y una cubierta vegetal significativa donde se conservan especies escasas en la zona que la envuelve tan alterada por el hombre. Desde el litoral hacia el interior, es el primer monte relativamente significativo que ser levanta frente a la costa y destaca sobre todo, por tener unas extraordinarias vistas sobre la ribera alta del Júcar y la Albufera de Valencia.

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La cercanía de poblaciones con elevada densidad demográfica y rodeados de espacios muy industrializados, le aumentan significativamente el potencial como espacio verde aislado y diferenciado del resto puesto que no está urbanizado, y también como reducto de algunas actividades tradicionales ya desaparecidas en el resto de la comarca como el pastoreo, la construcción en piedra o la recolección de esparto, además de ser un refugio esencial para la fauna.

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El pinar es el ecosistema más extendido, predomina el pino carrasco, especie que se adapta a todo tipo de terrenos, de crecimiento rápido y poco exigente en cuanto a calidad del suelo, pero que tiene el problema de su elevado riesgo de incendio. Entre el pinar quedan intercalados algunos campos de cultivo de secano como el algarrobo o el olivo, ya desaparecidos en la mayor parte del entorno, pero que deben mantenerse porque son cortafuegos naturales.

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Además del pinar adulto, se puede encontrar algún ejemplar aislado de almez y roble. También olivos silvestres como el acebuche, y algarrobos cuyo cultivo se abandonó hace algunas décadas y que durante siglos formó parte del paisaje tradicional del secano valenciano. En las zonas menos arboladas abundan las jaras, los brezos y las especies típicas mediterráneas aromáticas como el romero, el tomillo o la pebrella, planta autóctona de la Comunidad Valenciana, y en las zonas más umbrías, la murta y el lentisco.

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Como dato curioso, a finales de los años setenta se descubrió al pie de unos promontorios rocosos en la sierra del Tello una nueva especie la ciencia, una variedad de altramuz adaptado a los terrenos calcáreos que ha sido bautizado como lupinus mariae josephi, de extraordinario valor por ser el único lugar del mundo donde aparece esta planta. El descubrimiento fue gracias a un cazador Ramón Jorge Perpiñá, quien se dio cuenta que era una planta desconocida para él y tuvo la genial idea de recolectar algunas semillas que llevó al Centro de Experimentación Agraria de Carcaixent. Allí pudieron hacer germinar las semillas y tras un análisis detallado pudieron comprobar que no había sido descrita anteriormente por ningún científico ni tampoco tenía similitud con especies similares del entorno del Mediterráneo o de otros continentes por si pudiese haber llegado a esta sierra de forma accidental. Así pues, la tramussera valenciana quedó catalogada como nueva especie.

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Por otro lado, los elementos patrimoniales que se conservan, fortalezas o despoblados como el castillo de Aledua, corrales de ganado como el corral Blanc o el corral Floreal, con restos de un antiguo aprisco de ganado, el pozo del Estepar, utilizado por ganaderos y cuyas aguas eran utilizadas hace décadas con fines medicinales, además de algunos ejemplos de cabañas o casetes de pastor, construidas en piedra seca con técnicas ancestrales, aumentan el interés y el valor de la sierra, tanto para la práctica del senderismo como para actividades escolares de conocimiento del medio.

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Los ciclistas de montaña son quizás, los que más aprovechan todas las posibilidades de la sierra, de hecho, existen en el paraje una gran cantidad de senderos balizados, que pueden ser recorridos a pie o en bici, con mapas en algunos cruces o lugares estratégicos, de situación e información de los caminos.

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Para un ciclista habituado a salir a la montaña, la sierra del Tello no plantea problemas, porque tiene un tamaño relativamente pequeño, hay una gran profusión de caminos y sendas, cruzarla en su totalidad no supera las dos horas de tiempo efectivo y si te pierdes, siempre puedes volver al punto de inicio o salir a alguna población de su entorno. Otra cosa es que se nos haga de noche por no haber calculado bien el tiempo, sobre todo si salimos por la tarde, puesto que podemos aparecer en la vertiente contraria y tener que rehacer el camino con el desnivel que supone, o bordear el paraje por sus carreteras secundarias, algo que se nos haría excesivamente largo.

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En nuestras últimas excursiones hemos observado la cada vez mayor presencia de jabalíes, que suelen cruzar los caminos al anochecer, así como la abundancia de perdices, conejos, alguna liebre y palomas torcaces. Aunque más difíciles de ver, se ha constatado la presencia del zorro, la comadreja, el tejón, la garduña y como rapaces, el gavilán y el halcón, éste último bastante más escaso pero que alguna vez lo hemos visto sobre los terrenos entre el bosque, espacios abiertos que utiliza para cazar.

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Nuestra propuesta para conocer el paraje parte de la Finca la Caprichosa, en la urbanización El Pinar, cercana a Picassent desde donde podemos optar por adentrarnos en la sierra dejando atrás los últimos campos de naranjos que antes fueron tierras de secano. La pista que asciende en dirección suroeste, conocida como “les cinc pujades”, las cinco subidas, nos sitúa en la parte central de la sierra y por las lomas más elevadas, la cruza en su totalidad, pudiendo desde allí descender hacia el valle del río Magro, seguir su curso durante un tramo y después volver a subir a la sierra por el camino de Aledua que viene de Llombai y pasa cerca del castillo medieval del mismo nombre. Frecuentes carteles nos indican que estamos en un paraje protegido, con limitaciones a los vehículos a motor, y con mapas de situación para poder orientarnos. El territorio también está sujeto a restricciones de uso, aunque la caza se permite fuera de la época de veda.

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Desde este camino que viene de Llombai volveremos a ganar altura de una forma constante, dejando atrás un mirador sobre el Marquesado de Llombai, un viejo corral y campos todavía cuidados de algarrobos hasta que llegaremos a unas instalaciones de gas, ya que a través de la sierra se excavaron las tuberías que suministran gas natural a las ciudades circundantes, incluida Valencia. De aquellas obras apenas han quedado restos puesto que las zanjas fueron de nuevo cubiertas y reforestadas para evitar el impacto ambiental.

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A partir de este momento nuestro trayecto no plantea problemas, aunque a derecha e izquierda quedan numerosos desvíos que nos llevan a barrancos como el de la Cova del Águila o a senderos que pueden ser recorridos por los más atrevidos.

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La sierra del Tello es utilizada por decenas de ciclistas todos los días, quienes aprovechan este pulmón cercano a las poblaciones pueblos de su alrededor, donde a cierta altura se respira aire puro y se disfruta de un paisaje de montaña con extraordinarias vistas, muy cerca de casa. Quizás urge una regulación de las motos de trial que continuamente alteran la paz de este paraje, y abren nuevas sendas con los problemas de erosión y alteración de la vegetación y la fauna que suponen. El respeto por este pequeño y frágil paraje es necesario si queremos que se preserve para el futuro. De todos depende su conservación y mejora, puesto que son perfectamente compatibles sus usos si lo utilizamos de forma racional y con el máximo respeto.

Texto y fotografías: José Manuel Almerich

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Categorías: Comunitat Valenciana, Excursiones
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Comentarios

  1. 01 6 mayo, 2015 | José Maria Simón |

    Buen viaje y bonitas fotos, con un texto perfecto.Saludos.

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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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