La ermita de Sant Joan


Un lugar sagrado entre la montaña y el mar

Como una conjunción de astros, la religión, la defensa y la geografía confluyen en un lugar sagrado que durante siglos fue un punto de vigilancia sobre la ciudad de Dénia y de protección para los que habitaban las faldas del Montgó: la ermita de Sant Joan.

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Al límite de les Rotes, tierras infames donde poco o nada se podía cultivar, un espacio pedregoso entre la montaña y el mar, se encuentra la partida de les Sorts, (Suertes) nombre con el que se denominaba a los lotes de tierra yerma, ásperos e insalubres que, por sorteo, se repartían entre la tropa que acompañaba a Jaime I en la conquista del reino musulmán de Valencia. Los nobles y el clero se quedaban las mejores tierras, para ellos los monasterios y catedrales, para los pobres, las ermitas.

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La ermita de Sant Joan es una joya medieval escondida entre la alfombra de tejados y lujosos chalets que tapizan los antiguos bancales del coloso Monte Kaon. Se mantiene en pie con la dignidad de una arquitectura sencilla, sólida y funcional, de traza gótica y arcos ojivales soportados por piedra tosca que nos recuerda la fuerza constructiva de los primitivos edificios entre el Medievo y el Renacimiento.

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Todavía le queda espacio para ver el mar, desde donde se controlaba el castillo, la medina y el arrabal marinero. Jaime I mandó construir una serie de ermitas, denominadas de conquista, que comenzaron en el Rincón de Ademuz con Santa María de la Huerta a mediados del siglo XIII y acabaron con las pequeñas ermitas del sur del Reino de Valencia. Sant Joan data del siglo XV y fue custodiada por esclavos cristianos. Según las crónicas, fueron al menos siete las ermitas de conquista levantadas en el entorno del Montgó, siete ermitas que iremos descubriendo poco a poco entre las urbanizaciones y la pasión por nuestra historia.

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La ermita contiene en su interior bienes patrimoniales muy vinculados a la historia de Dénia. Desde su restauración a finales de los años ochenta, aloja dos de los candelabros de hierro o coronas de antorchas que pertenecieron al monumento del Sagrado Corazón que estaba ubicado en elcastillo. Son de hierro de forja de excelente calidad, con elementos medievales. También conserva en su interior el legado del excelente orfebre alemán, Egino Weinert que a lo largo de los años ha ido donando sus obras de arte a la ermita para que formasen parte de su ornamento.

JOSEP GISBERT ERMITA SANT JOAN 2013
Lo más destacado de la ermita es su porche, emblema del monumento, que conecta con el magnífico pavimento que milagrosamente todavía se conserva in situ en el edificio. Tiene una geométrica mezcla de ladrillos, algunos de barro, otros de cerámica azul de Manises y trazado gótico y también otros pequeños azulejos con motivos y colores renacntistas, de influencia andalusí y clara ascendencia italiana. El porche y el pavimento fueron el escenario de uno de los momentos más relevantes de la historia de la ermita, en tiempos de Felipe III y Felipe IV, justo en la primera mitad del siglo XVII. En esta época se conserva un domumento de la visita pastoral de 1648, en la que describen la celebración de fiestas con el patronato de la Cofradía de San Joan, una cofradía formada por esclavos cristianos negros que ya existía en el año 1600 y tenía su matriz en la Ermita de Nuestra señora de  Loreto, donde actualmente se ubica el Convento de las Agustinas.

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Todos los años, el día de San Juan la ermita abre sus puertas y se ofrece a los visitantes el tomacat, una reliquia gastronómica elaborada con pan, tomate y  tonyina, el milenario atún de almadraba, que debería ser, como dice mi buen amigo Gisbert, arqueólogo de Dénia, sacralizado tanto como aquellos monstruos con bigote que las barcas sacaban del abismo.
En la noche de San Juan se representa un auto sacramental en la misma explanada de la ermita,  dirigido por expertos actores de la cofradía, una pieza teatral de origen renacentista que se convierte en un sainete popular adaptado a nuestra cultura mediterránea.

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Para acceder a la ermita, hemos de seguir el camino del Pou de la Montaña, al que se accede con facilidad desde la oficina de información del Parque Natural del Montgó, o también por el camino de Santa Lucia, ambos en ascenso hacia las vertientes del Montgó y siguiendo las indicaciones entre las urbanizaciones. Un corto recorrido en bici, que podemos completarlo con el camí de la colonia,  y que nos permitirá conocer este interesante lugar, que fue referencia desde la Edad Media en la defensa de la ciudad de Dénia y que conserva entre los muros una parte importante de la historia del arte valenciano en un momento de transición del gótico al renacimiento.

JOSEP GISBERT ERMITA SANT JOAN 2013Texto y fotografías:  José Manuel Almerich/Josep Gisbert

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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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