La nevera de Chiva


La nevera de Chiva es un testimonio arqueológico excepcional, prueba de cómo ha afectado el cambio climático en las montañas valencianas

La sierra de Chiva a la que le hemos dedicado los dos blogs anteriores, posee un patrimonio arqueológico disperso y no por ello menos importante. Yacimientos como el Castillejo, de origen íbero, el puntal de Calles, las cuevas de las Vacas, del Sapo o el abrigo de la Peña Roya tienen restos de la época neolítica y el conjunto de Pinturas Rupestres de la cueva de la Alhóndiga, la Cueva del Barranco Grande o la Cueva de la Cofia, están incluidas por su relevancia en el Arte Rupestre Levantino declarado Bien de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad. Pero entre todos destaca una construcción circular, a 820 m de altura, conocida como la Nevera de Chiva puesto que era un pozo de acumulación de nieve, a fin de convertirla en hielo y distribuirla durante el verano, por los pueblos del entorno e incluso a la ciudad de Valencia.

Tiene una capacidad de 413 m3, con nueve de diámetro y 6 metros de profundidad. Muy cerca se encuentra una construcción donde podría residir el guarda de la nieve que luego fue utilizado para guardar ganado.

La nevera de Chiva es uno de los testimonios arqueológicos más sorprendentes que indican la intensidad del cambio climático. Pensemos que, hace poco más de doscientos años, este depósito podía ser llenado en su totalidad durante los días de invierno puesto que en su interior se iba acarreando la nieve que, convenientemente aplastada y separada con capas de paja, era convertida en hielo y posteriormente, cortarse en bloques para su traslado en carros tirados por caballos, a fin de comercializar el hielo en pueblos y ciudades.

Hoy sería prácticamente imposible realizar este proceso, ya que las nevadas son muy escasas y no tan abundantes. El hielo, cuya explotación solía ser una concesión del municipio al nevatero, era utilizado con finalidades muy distintas, pero entre ellas estaba la conservación de alimentos, para bajar la fiebre en los enfermos o incluso para finalidad gastronómica en sí, elaborando granizados o helados, como era el caso de Alicante. Disponer de hielo durante todo el año, incluido el verano, era un verdadero lujo y sólo los más ricos se lo podían permitir, ya que durante el transporte de la nevera a las ciudades, que se realizaba por la noche, se perdía un porcentaje muy elevado del mismo

Cuando pasemos en bici junto a la Nevera de Chiva, km. 24,3 de la ruta descrita, vale la pena detenerse y observar la construcción, así como imaginar cómo era el comercio de este preciado elemento, en unas condiciones muy diferentes y que no existían los medios actuales para su conservación.

Fotos: Centre Excursionista Avant-La Costera, Arca Cultural, JM Almerich

Texto: José Manuel Almerich

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Categorías: Comunitat Valenciana, Excursiones
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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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