La Vía Verde cubierta de blanco.


Una travesía hibernal por la Vía Verde de Ojos Negros tras el último temporal de nieve

La hemos recorrido en muchas ocasiones, pero nunca entera. Algunos tramos, los miércoles por la tarde o para completar excursiones por la Calderona o Espadán. Hace unos días la hicimos en su totalidad: la vía verde más larga de España, y probablemente de Europa. Doscientos veinte km desde el valle del Jiloca al mar Mediterráneo.

La infraestructura ferroviaria fue construida en el año 1900 para transportar el mineral de  hierro desde las minas de Ojos Negros hasta el Puerto de Sagunto. La Compañía Minera de Sierra Menera, de origen vasco, no logró ponerse de acuerdo con el Ferrocarril Central de Aragón que cubría la línea Sagunto-Teruel y construyó una línea de ferrocarril paralela, a veces incluso separadas por menos de cien metros.

Funcionó durante apenas 70 años y del antiguo trazado tan sólo ha quedado la plataforma por la que hoy circulan miles de ciclistas. Pocos conocen a fondo su historia, y pocos la han recorrido desde su origen, puesto que hasta Peracense todavía se conservan los raíles y las traviesas, lo cual hace imposible su ciclabilidad durante el primer tramo.

Pero a partir de la estación abandonada de Santa Eulalia, el trazado ya está totalmente acondicionado y se mantiene en perfecto estado. Es más, al entrar en la Comunitat Valenciana los túneles se iluminan al paso del ciclista, el firme mejora, está bien señalizada, no tiene accesos motorizados y se  realizan  constantemente tareas de mantenimiento.  Desde Algimia de Alfara hay un proyecto en para unirla con la Vía Xurra  y llegar así a la ciudad de Valencia.

En esta ocasión lo que ha marcado nuestra travesía, realizada en cuatro etapas y tres noches, es haber podido superar el temporal de frio y nieve que azotó la península a mediados de febrero y que tapizó el paisaje totalmente de blanco.

Y esta situación en Teruel son palabras mayores. Pedalear a temperaturas bajo cero, sentir en el rostro el viento gélido y cortante, abrirse paso entre la nieve que cubría la vía en muchos tramos y avanzar poco a poco rompiendo el hielo con las ruedas, para llegar antes del anochecer a los alojamientos, fue una aventura apasionante.

El paisaje siempre cambiante de la vía verde nos ofreció su mejor y más inquietante estampa hibernal. Nos permitió adentrarnos en un mundo de horizontes abiertos y espacios sin fin. Fue como pedalear por Siberia, con tramos de niebla y ventisca, lluvia gélida, entre  la que a veces se asomaba el sol con una tímida luz azulada.

Una experiencia inolvidable acompañado de valientes, donde la llegada al hotel, la ducha caliente y la cena reconfortante nos hizo sentirnos dueños del tiempo, afortunados que pudimos sentir la fuerza intensa del paisaje del frío.

Nuestros amigos nos dijeron de todo: inconscientes, imprudentes y temerarios. Es posible que tuvieran razón,  pero también pienso que lo realmente peligroso es dejar de vivir sensaciones, o lo que es  peor, no echarlas de menos.     Texto y fotografías: José Manuel Almerich

VN:F [1.9.3_1094]
Valoracion: 0.0/5 (0 votos)
Categorías: Comunitat Valenciana, Grandes travesías
Temas: , , ,




Comentarios


Comentarios

Puedes utilizar las etiquetas más habituales de XHTML en tu comentario.

Formulario para comentar

Loguearme con Facebook

Nombre
Email (no será publicado)
Sitio web
Comentario

Suscribirse a la los comentarios (recibirás un mail cada vez que alguien responda).


Suscripción

Suscripción RSS - Icono RSS Suscribirse RSS / Feed

Suscríbete a través de tu dirección de correo electrónico.

José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

leer más