Bailando en la oscuridad


La inmersión nocturna es un viaje a otro mundo, el de la completa y opaca penumbra donde la vida late a diferente ritmo.

Aún recuerdo la primera vez que tuve ocasión de sumergirme por la noche. Las continuas referencias que hacían los buceadores curtidos a este tipo de inmersiones me habían sugestionado para introducirme de verdad en otro mundo, donde los peces, en su mayoría dormían mientras que otros seres, ocultos habitualmente durante el día, salían a reconocer sus dominios y a procurarse su sustento. Nos decían que en algún momento el que hacía de guía haría una señal convenida para que todos apagáramos nuestra linterna y contempláramos y respiráramos la más absoluta de las negruras para, enseguida, comprobar que hasta en ese mundo lunar, ingrávido y silencioso, rodeado de oscuridad, se hacía mágicamente la luz cuando frotábamos una pared cubierta de algas.

Una pequeñísima sepia

Una pequeñísima sepia

Desde entonces quedé enganchado a este tipo de inmersiones y la otra noche nos juntamos unos amigos para deleitarnos con el ritual de un buceo nocturno. Nos sumergimos en la cala de la Barraca de Xàbia y al poco de entrar ya nos recibió un pulpo que, fuera de los escondrijos en los que se refugia por el día, empezaba su jornada de caza. Este es uno de los habituales de la noche, junto con su socio la sepia, que aunque en tamaño mini, también nos salió al encuentro unos metros más adelante.

Comiendo pequeñas algas

Comiendo pequeñas algas

Y a los pocos minutos de avance por la oscuridad surgió la visión fantasmagórica de una liebre de mar, y luego, al lado otra más, y más adelante otra… Quien haya tenido ocasión de ver estos extraños animales habrá podido comprobar la fascinación que despiertan, sobre todo cuando no se encuentran posados en el fondo, comiendo pequeñas algas, sino nadando de ese modo tan pausado y de gran elegancia, contrayendo el cuerpo y moviendo sus ondulantes lóbulos laterales en un baile en la oscuridad de improvisada coreografía.

La afilada voracidad del espetón

La afilada voracidad del espetón

Y si no fuera poco con todo este espectáculo, al finalizar la inmersión, cuando ya nos disponíamos a salir y estábamos a poco más de 2 metros de profundidad, un par de afiladas barracudas que se acercaban extrañamente a la costa a cazar los pequeños peces que buscan refugio en aguas tan someras, pasaron fugazmente a nuestro lado, atraídas por la luz de nuestros focos y llegando casi a tocarnos con su hocico. Tal vez no querían que abandonáramos aún el grandioso espectáculo de la noche.

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Categorías: Buceando por la Comunitat, Comunitat Valenciana, Vida submarina
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Rafa Martos

Rafa MartosTécnico Deportivo en AA.SS, Instructor de buceo y fotógrafo submarino, autor de publicaciones divulgativas de buceo y snorkel, editó el libro Buceo en la Costa Blanca y es [...]

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