Clavos y balas centenarias


Al observar con detenimiento el somero fondo del hundimiento de la Guadalupe pudimos observar algunos restos metálicos de esta centenaria nave.

Como os decía la mar estaba fantástica y, aunque no era la finalidad de la inmersión, llegó un momento en que nos encontramos encima del punto donde naufragó la fragata La Guadalupe, allá por 1799. Esta imponente embarcación de 48 metros de eslora había sido construida en La Habana (Cuba), razón por la que tenía el casco enteramente forrado de cobre, lo que era habitual en las embarcaciones que navegaban por aguas caribeñas pues le servía de protección contra la fauna que se adhería al casco y que, en pocos años, podía dar al traste con sus maderas.

Balas de cañón llenas de vida marina

Balas de cañón llenas de vida marina

Y las planchas de cobre se unían al maderamen con clavos de bronce, muchos de los cuales todavía permanecen en el fondo, aunque completamente cubiertos por la arena y las incrustaciones que hacen que, a simple vista, resulten intangibles. Por eso, una vez localizadas las protuberancias globulosas que, tapizadas de algas y fuertemente adheridas al fondo marino disfrazaban las balas de cañón de diversos calibres con las que se armaba la fragata, sabíamos que estábamos al lado de los otros restos del navío.

Sólo había que levantar la arena

Sólo había que levantar la arena

Al azar y con el mero movimiento en abanico de la mano se levantaba enseguida el velo de arena de pocos centímetros que protegía de la vista los clavos. Pronto empezaron a aparecer una punta de clavo por aquí, una cabeza por allá, e incluso varios clavos juntos y apelmazados unos a otros, formando parte de un todo tras su contacto durante siglos. Clavos de bronce, es decir, de la aleación de cobre y estaño, que permanecen por ello sin oxidar, a diferencia de lo que hubiera pasado si se tratara de mero hierro, que probablemente habría ya sido devorado por la implacable corrosión.

Algunos clavos de bronce

Algunos clavos de bronce

Unos pequeños hallazgos que ponen en valor la importancia de este yacimiento arqueológico subacuático, bien conservado y con un patrimonio sumergido que debería motivar un nuevo proyecto de investigación y prospección arqueológica como la que tuvo lugar en 1998 y que supuso sacar a la luz esta relevante parte de la riqueza subacuática de la historia de Dénia.

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Categorías: Comunitat Valenciana, Un mar de Historia
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Rafa Martos

Rafa MartosTécnico Deportivo en AA.SS, Instructor de buceo y fotógrafo submarino, autor de publicaciones divulgativas de buceo y snorkel, editó el libro Buceo en la Costa Blanca y es [...]

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