La Almadrava, Denia


El extenso litoral norte de Dénia, conocido genéricamente como Las Marinas, es un gran desconocido para el buceo masivo.

La Almadrava es una de las playas de Las Marinas, muy frecuentada y apreciada por los bañistas y por los indolentes usuarios que encuentran en ella finas arenas donde tumbarse a recibir la mayor cantidad de sol. Pero no es un destino habitual para el buceo, aunque como muchas veces hemos insistido desde estas páginas,en ocasiones esos sitios tan poco frecuentados esconden sorpresas, ya sea en forma de vida, ya bien en el aspecto paisajístico e, incluso, en vestigios históricos, como puedan ser restos de alguna vieja embarcación irreconocible o fragmentos de cerámica.

La cuestión es que la otra mañana nos juntamos unos cuantos amigos y nos fuimos hacia esta playa, que ahora aparece despejada de bañistas -bueno, ya en noviembre y aún encontramos media docena de personas tomando el baño- pero en excelentes condiciones de mar calmada, muy limpia y todavía con unos muy agradables 21º de temperatura.

Nos fuimos mar adentro, sin más rumbo que el de avanzar, y aunque inicialmente era nuestra idea permanecer juntos y a la vista unos de otros, lo cierto es que a los pocos minutos cada uno exploraba su propio camino. La buena visibilidad, la ausencia de corrientes y el fondo dominante arenoso mostraban un paisaje desértico donde pensé que sería fácil el encuentro con algún pez bentónico de los que gustan enterrarse, de modo que armado de paciencia y disfrutando de toda esa quietud sólo tenía que aguardar algún pequeño movimiento a mi alrededor que delatara un morador sorprendido.

A los pocos minutos advertí una sombra que se desplazaba rápido a unos metros de mi, y con un sprint de aleteo me pude acercar lo suficiente para comprobar que se trataba de una pequeña raya, de las que por otra parte había varios indicios en el fondo en forma de siluetas que habían sido ocupadas por estos peces.

Un poco más adelante, donde había algo de vegetación como posidonia y sobre todo el fino césped marino, era el turno de una diminuta sepia, blanquísima como la arena pero que a nada que me acerqué a fotografiarla comenzó a mutar en su librea, que oscilaba ahora hacia tonos marrones y negros, parpadeando para mostrar tal vez su enojo por mi encuentro. De modo que me quedé quieto unos minutos y ella, cuando tuvo a bien, comenzó a avanzar y rodearme, para observarme con detenimiento, correspondiendo a mi curiosidad, y finalmente emprendió el vuelo rápido.

Todavía tuve tiempo de avanzar un poco más y encontrar una zona con algo de piedras dispersas y trozos de cerámica, como viejas pulperas de arcilla, y al mirar en el interior de una de ellas había un pequeño pulpo, que tras el abandono definitivo del recipiente como trampa había ocupado ese hueco como morada.

Cuando miré el reloj llevaba ya 50 minutos bajo el agua y, aunque no habíamos pactado hora de salida me pareció razonable estar fuera a la hora, algo que fue pensado por todos los demás que, uno tras otros, salimos del agua con la sonrisa de haber disfrutado de una mañana de buceo muy especial.

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Categorías: Buceando por la Comunitat, Centros de buceo
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Rafa Martos

Rafa MartosTécnico Deportivo en AA.SS, Instructor de buceo y fotógrafo submarino, autor de publicaciones divulgativas de buceo y snorkel, editó el libro Buceo en la Costa Blanca y es [...]

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