El ancla del cabo San Antonio


La Reserva del Cabo de San Antonio esconde muchos secretos y siempre nos depara alguna sorpresa.

Hacía tiempo que no buceaba en la Reserva Marina del Cabo de San Antonio, entre otras cosas por lo complicado que resulta últimamente conseguir el permiso para sumergirse en sus aguas, pues como sabemos el régimen legal cambió hace sobre un año y no precisamente para facilitarnos las cosas a los buceadores, que antes podían pedir el permiso el mismo día que iban a bucear(nunca entenderé porqué se ha de solicitar ningún permiso si no somos una amenaza a la fauna ni a la integridad de ninguna reserva…) y desde entonces lo han de solicitar por medio de un  sistema informático  con al menos 5 días hábiles de antelación, como si supiéramos cómo va a estar la mar para entonces.

Bueno, disgresiones y digestiones mentales aparte, como os decía llevaba ya un tiempo sin bucear en el tramo que transcurre de la punta del Cabo de San Antonio hasta la Cova Tallà, como yo digo, en el cogollo de la reserva. Y siempre me resulta interesante hacerlo, sus fondos continuamente parecen sorprendernos, ya sea por la belleza de su intrincada orografía, ya por los imprevisibles encuentros con fauna, ya por cualquier otro motivo, como sucedió el otro día, que se presentó en forma de hallazgo de un ancla centenaria.

Pero  comencemos por el principio. Amarramos la embarcación a una de las boyas dispuestas al efecto y tras sumergirnos comenzamos a recorrer un fondo que a medida que nos íbamos acercando a la pared reducía su profundidad a la vez que se mostraba de apelmazada roca, mientras que si nos separábamos de ésta y avanzábamos paralelos se iban alternando los paisajes arenosos con tramos de roca, y luego más arena, y más adelante otras lenguas o islotes de roca etc., dibujando un entretenido recorrido muy fácil de memorizar para garantizarnos el regreso a la barca.

La fauna, sin ser extraordinaria ese día, si que nos fue acompañado, como bancos o cardúmenes de sargos, tranquilos, lentos y flemáticos, casi sin inmutarse de nuestra presencia, coronando la puesta en escena de tan selecto decorado.

Así fue nuestro avanzar hasta que, casi a media carga de botella, vimos una forma que no encajaba en el catálogo de recursos de la naturaleza. Según nos aproximamos a ella quedaba claro que se trataba de un ancla, de unos 150 cms de longitud y tipología clásica de almirantazgo, llena de incrustaciones y fuertemente adherida al fondo, donde podría llevar no se sabe cuantos años, probablemente más de cien.

Nos limitamos a hacerle unas fotos, contemplarla unos minutos y comprobar que nos quedaba menos de la mitad del aire para volver a la barca, por lo que no nos entretuvimos más y enfilamos un regreso tranquilo pero constante, donde las sorpresas seguían haciendo su aparición, como la morena que, en aguas libres, nos esperaba unos metros antes del cabo de fondeo que ponía fin a esta inmersión en San Antonio.

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Categorías: Buceando por la Comunitat, Comunitat Valenciana
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Rafa Martos

Rafa MartosTécnico Deportivo en AA.SS, Instructor de buceo y fotógrafo submarino, autor de publicaciones divulgativas de buceo y snorkel, editó el libro Buceo en la Costa Blanca y es [...]

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