Un camino entre las nubes


Ascender al Desierto de las Palmas en bicicleta de montaña por cualquiera que los caminos que allí acceden es como acercarse al cielo. El Bartolo, cumbre del desierto, es un grandioso balcón al mar Mediterráneo y allí se refugiaron monjes y eremitas, alejados del mundo, para dedicarse al silencio y a la contemplación.

El desierto de las Palmas es uno de los parajes naturales más sorprendentes y aéreos de la geografía valenciana. Compuesto por una serie de montañas que se suceden encadenadas entre el corredor de Pobla Tornesa y el litoral mediterráneo, pertenecen a las últimas estribaciones de la cordillera costero-catalana y tienen, al igual que Espadán y Calderona, unas características geológicas propias.Es de los pocos lugares donde el rodeno domina el paisaje dándole el característico color rojizo, y donde además aparece, en las cumbres más elevadas, un material muy escaso en la Comunitat Valencian; la pizarra.

El Desierto de las Palmas, declarado Parque Natural Protegido por la Generalitat Valenciana en octubre de 1989, ha sufrido dos importantes incendios forestales, uno en 1985 y otro seis años después. Desde entonces, gracias a las medidas de prevención y vigilancia, el paraje se ha ido recuperando, aumentando el espesor de la cobertura vegetal, en especial las vertientes que miran al mar, que fueron las más afectadas. Las lluvias de los últimos años también han mejorado considerablemente esta situación.

Toma su nombre del topónimo desierto, que era el nombre que daban los carmelitas a los lugares solitarios y dejados de la mano de Dios, sin presencia humana, y de las Palmas por la abundancia del palmito (chamaerops humilis) única palmera autóctona europea. Es por tanto un nombre cultural, que no geográfico, en lo que se refiere a desierto humano y de las Palmas en referencia a su peculiaridad botánica. A finales del siglo XVII se levantó un monasterio para albergar a los monjes dispersos que habitaban estos montes en la soledad más absoluta y cuyas ermitas donde residían todavía se conservan. En 1783, una serie de lluvias torrenciales produjo un corrimiento de tierras que afectó seriamente la estructura del primitivo monasterio y obligó a los monjes a construir otro en un lugar más seguro, no muy lejos del antiguo.

Con el Mediterráneo al fondo, pocos lugares ofrecen al ciclista la posibilidad de pedalear entre las nubes. Pocos lugares también dan la sensación de flotar en el aire, de volar, literalmente, mientras sigues los caminos que discurren a media altura por las aristas que forman el techo del paraje y te permiten llegar al Bartolo, la cumbre más alta, coronada de antenas y repetidores que merman en parte, el encanto de una cima tan hermosa.

Entre construcciones de hierro se conserva también la ermita de San Miquel donde, según cuenta la tradición, vivía el monje de cuyo nombre toma nombre el monte. Poco antes de llegar a la cumbre, una inmensa cruz de cemento queda junto al camino cuya silueta, por las dimensiones, es visible desde muy lejos. La vista desde la cima, en un día claro es extraordinaria: se recorre con la visa desde Valencia hasta Tortosa, todo el Maestrazgo, Espadán y Penyagolosa. Las Islas Columbretes se dibujan perfectamente como grisáceas manchas sobre las Agujas de Santa Agueda. No en vano se utilizó esta cima como uno de los puntos para la medición del Meridiano Terrestre.

La técnica consistió en establecer una serie de triángulos utilizando grandes instrumentos ópticos y reflectores ubicados en las cimas cuyos vértices serían visibles entre sí. Mechain, el científico francés encargado de esta tarea, pasó noches enteras en lo alto del Bartolo esperando las señales de otros vértices. Víctima de una terrible enfermedad se refugiaría en la Pobla Tornesa y fallecería en Castellón en 1804 donde se encuentra enterrado. Biot y Aragó continuaron sus investigaciones y culminaron con éxito la medición de la longitud del Meridiano.

La vegetación, especialmente en la parte de la umbría es muy rica puesto que no se ha visto afectada por los incendios, y en las cercanías de les Santes, una preciosa ermita escondida en la cabecera del barranco del que toma el nombre, se conserva en buen estado un bosque puro, especialmente valioso por la variedad y diversidad de especies que él se encuentran, junto con un espesor que dotan de frescor este apartado rincón del Desierto.

La ermita, dedicada a las santas Lucía y Agueda, fue levantada en el siglo XVII y se utilizó como material de construcción, las piedras de rodeno extraídas del entorno más inmediato. Esta peculiaridad dota al santuario de un mimetismo y una integración total en el medio, además del extraordinario color rojizo de sus muros. Todos los años, el sábado anterior al primer domingo de Mayo, se celebra una romería en la que acuden peregrinos de Cabanes y Puebla Tornesa. Nuestra propuesta para conocer el paraje parte de la Pobla Tornesa.

Desde allí una pista ancha y en buen estado, a veces cimentada, asciende con vigorosa potencia hasta un collado donde ya se observa el mar. Unos metros después de comenzar el descenso hacia el Monasterio, y junto a una placa que indica Camino de Santiago de Castellón, una estrecha pista forestal asciende con suavidad hacia la cumbre del Bartolo.

Este camino, uno de los más deliciosos y aéreos de todo el paraje, tiene como escenario el mar Mediterráneo en toda su azulada intensidad y el cielo como techo. Una vez en las antenas, seguiremos en dirección norte, siguiendo la propia alienación de la sierra, por un camino sólo apto para ciclistas y caminantes. Este camino nos llevará en un trayecto fascinante hasta la ermita de les Santes, desde donde otra pista hacia la izquierda y en ascenso importante, sigue sin descanso hasta la Pobla Tornesa lugar que fue nuestro punto de partida. La excursión tiene unos 33 kilómetros aproximadamente y un desnivel acumulado importante.

Puede realizarse en una tarde, aunque lo preferible es dedicarle una mañana o un día entero e incluso parar a comer en el restaurante junto al monasterio, y por supuesto, visitando el Convento de los Carmelitas cuyo museo es muy recomendable. Recordemos que sí lo hacemos en esta época del año, hemos de madrugar lo suficiente para realizar la subida a primeras horas del día, antes de que el sol esté en el cenit. También podemos bajar a Castelló o a Benicassim, aunque en este caso debemos preveer alguien que nos recoja allí ya que llegaríamos muy lejos de nuestro punto de partida. El descenso hacia Benicassim puede realizarse por asfalto, o por un camino de tierra que baja más directo.

El parque natural del Desierto de las Palmas es una muestra más de las inmensas posibilidades que ofrece la geografía valenciana, cuyos paisajes alcanzan alturas importantes, sin perder de vista el mar.

Texto y fotos: jM Almerich

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Categorías: Comunitat Valenciana, Excursiones
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Comentarios

  1. 01 18 febrero, 2011 | khach san sai gon |

    lo que es un viaje increíble que tienes! gracias por compartir este lindo

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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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