Casa Julia


Antes de convertirse en hotel, se llamaba la Casa del Chileno. Después fue Casa Juliana y ahora es Casa Julia. Distintos nombres para un acogedor lugar que emana historia por cada uno de sus lados. Un hotel rural donde cada rincón es un libro medio abierto cuyas páginas son recuerdos de familia, evocaciones de generaciones esforzadas, de tesón, fortuna y trabajo. De memorias truncadas por la tragedia que hicieron de esta casa la principal razón de su existencia.

Hemos encontrado el Hotel Casa Julia casi por casualidad. Mi buen amigo Ángel y yo, en un arrebato de locura hemos remontado el barranco del Agua y llegado hasta la Ponderosa, el collado que separa las montañas del Castell de la Solana de las vertientes que miran al mar.Hace un calor insoportable que se va acrecentado a medida que nos adentramos en el estrecho barranco calizo donde las chicharras ensordecen el ambiente y convierten en fuego hasta el mismo aire que respiramos.

Salimos, no muy temprano de Denia, con la intención de llegar hasta la Vall de Pop superando, a pecho descubierto, la barrera de las montañas costeras e integrarnos en esos valles olvidados donde la higuera y el moscatel siguen dorándose al sol. Aquí, alejados de la costa pero sin perder de vista el mar, se conserva la esencia de la Marina pero quizás el verano no sea el mejor momento para remontar las duras pendientes cargados con la bici.

Por eso, al llegar a Parcent, hemos buscado con desesperación un refugio, un oásis de frescor, y beber, cuanto menos, toda el agua que hemos perdido para llegar.

En Casa Julia hemos encontrado la sombra necesaria para sobrevivir. Dos sobrias palmeras se abren paso a la entrada y te adentran a un amplio hall decorado con muebles clásicos y un ambiente sugestivo y evocador. Ismael, su dueño, nos recibe con la sonrisa propia del profesional que ha visto de todo y no se extraña de nada.

 

Nuestro aspecto, cubiertos de polvo y sedientos de frescor, tiene poco que ver con el huésped habitual

– Con este calor, es una locura pedalear. Agua fresca y descanso, será suficiente antes de comer para recuperar las fuerzas. – Hijo de Parcent –nos cuenta Ismael- don Miguel Moncho Mora hizo fortuna en Chile.

Vinculado al mundo del espectáculo, fue uno de los precursores del cine mudo y llegó a ser accionista de la empresa Nitrato de Chile, cuyo logo como el toro de Osborne, ha decorado durante décadas nuestros caminos. Cuando volvió a España se construyó esta casa señorial, al estilo del gusto indiano de la época.

Don Miguel Mora murió ahogado en el naufragio del Príncipe de Asturias, un barco de vapor que se hundió frente a las costas brasileñas en 1916. Pudimos ver la lista de supervivientes, pero no de los fallecidos. La naviera gallega propietaria del buque afirmó que el barco anduvo durante dos días con niebla absoluta y sin saber su posición, ya que el sextante no se podía utilizar. El príncipe de Asturias se hundió en apenas cinco minutos y se convirtió en leyenda, leyenda desconocida para los españoles a pesar que fue nuestro Titanic. La lista de oficial de desaparecidos fue de 445, pero se sospecha que las bodegas iban llenas de emigrantes ilegales cuyo número pudo llegar a 1600.

La casa de Parcent, pasó a su hermana Ana, maestra de profesión y mujer con gran sensibilidad y elevado nivel cultural, algo poco frecuente en aquellos años. A la muerte de Ana, la casa pasó a su hermana Juliana quien la convirtió en hotel, de donde tomo su segundo nombre.

Tomamos en silencio una cerveza muy fria mientras seguimos escuchando a Ismael:

Aquí estuvo alojada Rita Hayworth. ¿Queréis ver la bañera? Todo un lujo para su época. La actriz era descendiente de la vall de Pop, ya que sus padres nacieron en Alcalalí.

También Gabriel Miró escribió aquí su obra “Del vivir”. Poco a poco las anécdotas de Ismael nos estimulan la imaginación. Un barranco ardiente, un valle, calor, un pequeño hotel…. Cuantas sorpresas más esconderán nuestras montañas.

Dejaremos la ascensión al Coll de Rates para la mañana siguiente. Nadie nos espera y el sol sigue inmisericorde. Comeremos y pasaremos la noche aquí, porque descubrir este lugar merece un punto y aparte. Y si algo caracteriza nuestros viajes en bici es el don de la improvisación. Si Gabriel Miró fue capaz de quedarse una temporada a escribir, nosotros no podemos ser menos y contribuir, con nuestra presencia, a que estos hoteles sigan funcionando. Porque la familia Reig-Llobell lo puso en marcha, cuando adquirieron la casa a sus herederos, con mucho esfuerzo y tras veinticuatro años de abandono. Y revitalizar la historia desconocida del naufragio donde viajaba don Miguel, la habitación de Rita Hayworth, y las palabras de Gabriel Miró suspendidas todavía en el aire, tienen el mérito añadido de desempolvar recuerdos y hacer partícipes a sus huéspedes del valor de la memoria.

Parcent es un pequeño pueblo a la sombra de la sierra del Carrascar, y cercano a Alcalalí, Jalón y Murla, donde se respira la paz y el sosiego del verano mediterráneo. Donde se cena a la luz de las velas bajo los porches y se oyen todavía, historias como ésta.

Cenamos con Ismael un gazpacho de verduras al estilo Julia y un rodaballo con tomate confitado.

-Mañana probareis el arroz con bacalao y espinacas, eso os dará fuerzas para seguir la travesía.

Ángel y yo nos miramos y dudamos, si seguir la travesía o quedarnos aquí disfrutando del entorno y las historias que nos cuenta.

Mientras decidimos, leo, copa en mano, las palabras “Del Vivir” que Gabriel Miró escribió en esta misma silla:

“Sigüenza, hombre apartadizo que gustaba del paisaje y de humildes caseríos, caminaba por tierra levantina y dijo: “llegaré a Parcent”

Y encargó, al salir de casa, que hiciesen arroz, y ya debía hallarse pajizo de puro cocido y rico. La mesa estará puesta, y vestida con mantel limpio, habrá pan tierno, del día, aceitunas en salmuera, guindas rugosas, dulces y oreadas; un pollo emblanquecido y aromatizado con tostones de tocino y cebollicas menudas como nueces; rajas de queso, confitura de arrope y vino propio de lagar… Comerán juntos Sigüenza, el médico y él. Y se alborozaba fingiéndose el yantar cercano….

Mientras leo estas letras escritas en 1904 observo a mi alrededor, que desde entonces, nada ha cambiado.

Texto y fotos: jM almerich

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Categorías: Comunitat Valenciana, Grandes travesías, Lugares con encanto
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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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