Sombras en la noche


A partir de ahora, la oscuridad de la noche y, de vez en cuando la luna, serán la compañeras de nuestras excursiones. El día acorta y la semana que viene se adelanta la hora. Es el momento de poner a punto nuestras luces para poder seguir practicando nuestro deporte favorito aún en la oscuridad más absoluta.

Son las siete de la tarde y ha empezado a oscurecer. Cuando cambien la hora el próximo sábado,  apenas tendremos unas pocas horas de luz después de comer, pero eso no es inconveniente para salir. Eso sí, con las luces en condiciones, los chalecos y mochilas reflectantes, las herramientas necesarias, y por supuesto, la ropa. La noche cae y con ella la temperatura.

La humedad y el frío pueden hacernos pasar un mal rato si no llevamos el equipo de abrigo necesario (confortable y transpirable) siempre de calidad. Lo mismo ocurrirá con las luces. Además del frontal de reserva, debemos disponer de linternas o luces específicas para acoplar a la bici y un piloto rojo para la parte posterior, bien sea colgado en la mochila, bien sea debajo del sillín.

La experiencia será sin duda fascinante, la naturaleza y las estrellas pondrán de su parte, pero nosotros necesitamos poner de la nuestra para convertir la tarde en una aventura inolvidable, y por supuesto, con la seguridad necesaria en todo momento. Para ello dispondremos de las herramientas necesarias y de la información sobre el lugar en el que nos encontramos, bien utilizando GPS o la cartografía necesaria, o mejor todavía, si nos acompaña alquien que conozca bien la zona. Por supuesto debemos llevar alguna prenda reflectante y evitar, en todo momento, circular por carreteras.

Las pistas forestales y los caminos pueden ser incómodos de trazar por la falta de visibilidad, pero para ello disponemos en el mercado de una gran variedad de focos para bicicletas, especialmente los nuevas tecnologías que incorporan leds de gran luminosidad y baterías recargables. Lejos quedan las “dinamos”, las linternas de pilas que se agotaban a los veinte minutos, y el nerviosismo de habernos quedado sin luz. No lo dudemos. Podemos empezar haciendo rutas nocturnas por las cercanías de casa, paseos marítimos, carriles bicis o el cauce del río en la ciudad, para luego aventurarnos a la montaña. Os garantizamos adrenalina pura.

En esta ocasión recorrimos de nuevo Espadán. La noche nos cayó encima en la Masía Durba, un hotel rural decorado al estilo indonesio entre almendros y frutales, muy cerca de Castellnovo.

Cruzamos las preciosas huertas de esta población y mientras nos alejábamos del castillo, tuvimos que poner todas las luces en marcha. Desde allí, por los caminos que nos llevaron a Almedíjar probamos las nuevas linternas y pudimos darnos cuenta del cambio en la concepción de este tipo de instrumentos.

Un sólo led y pilas recargables en la corriente eléctrica de casa. Tres horas de autonomía con la máxima potencia y trece a menor intensidad, y buena sujeción al manillar. Finalizamos al fondo del barranco de la Falaguera o rambla de Almedíjar, después de haber ascendido las vertientes del cerro del Navajo desde la fuente del Cañar. La parte final del barranco fue una gozada al descender con las potentes luces y la travesía no tuvo pérdida posible.

Las averías y pinchazos fueron solucionados sin problemas, y como premio final, la cena en el Bar Restaurante La Glorieta, justo a la entrada de la población de Azuebar. Un excelente lugar para finalizar nuestra excursión nocturna y contribuir, como siempre, a la economía de nuestros pueblos de interior.

Recordad que siempre que podamos, debemos comer o cenar el los pequeños restaurantes de los pueblos. El turismo no sólo es alojarse en grandes hoteles o resorts de la costa. El turismo también es disfrutar de la gastronomía un día entre semana y compartir con sus habitantes lo que nos pueden ofrecer, haciéndolos partícipes de nuestras travesías. Es la forma de que se mantengan abiertos para cuando los visitemos de nuevo, y también, ayudar a que los propietarios puedan vivir dignamente en el pueblo que los ha visto nacer.

Sirva este post también, como un pequeño y humilde homenaje a los bares de pueblo, a esos llenos de humo y de voces, con la televisión en marcha sin que nadie la mire. A esos en los que sus propietarios nos dan todo lo que tienen e improvisan una comida o cena cuando llegas a deshoras, a esos que se desviven por atenderte bien, y procurar que sigas tu viaje satisfecho y vuelvas otra vez. A los que luchan por vivir en pueblos pequeños donde a las diez de la mañana está todo el pescado vendido, y son nuestras visitas de fin de semana las que les dan cierto alivio económico.

El bar de la Glorieta, como tantos otros, estará allí para que los ciclistas, de montaña o carretera, recuperen fuerzas. Y para todos los visitantes que pretendan acercarse y conocer uno de nuestros más hermosos parques naturales.

El próximo miércoles nos veremos en Estivella, junto al restaurante el Pinar, a las 16,00 horas si es posible. Que el día acorta y el deporte permanece.  Ah, y no olvidés las luces ni la ropa de abrigo.

Juanjo es un joven emprendedor que gestiona, desde hace muy poco, el bar la Glorieta. Prepara con la ayuda de su excelente concinera los platos típicos de la zona e incluso, se pueden hacer encargos para grupos numerosos. Entre los postres, todos son caseros pero destaca sobremanera el flan de café, y por supuesto, el carajillo de Espadán, ese que tiene tres niveles: el ron quemado con azúcar y miel, la crema y el café, con los granos sin moler y la corteza de limón.

Texto y fotografías: José Manuel Almerich

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