El aljibe del Navajo Blanco


Con una tipología única, el aljibe del Navajo Blanco se encuentra en el centro de una reserva biológica.

Lo encontramos de casualidad, aunque habíamos oído hablar del aljibe. Cerca de Fuente la Reina, en un paraje sorprendente por su complejidad y verdor, se encuentra la reserva biológica del Navajo Blanco.

Según el GECEN (Grupo para el estudio y conservación de los Espacios Naturales de la Comunidad Valenciana, éstas son sus carácterísticas:

Término municipal: Fuente la Reina.

Espacio natural: Sierra de Espina.

Hábitat: pinar de pino carrasco y cultivos extensivos de almendro, presencia en un linde de un navajo de agua dulce con vegetación palustre y un aljibe de construcción tradicional de piedra en seco, con una tipología casi única.

Fauna (principales especies observadas):

Mamíferos: jineta, jabalí y tejón.

Aves: águila calzada y gavilán.

Anfibios: si.

Flora:

Árboles: pino carrasco y almendros.

Objetivo principal: mejora del hábitat, educación ambiental y cultivo integrado de los almendros.

El cultivo integrado de almendros, al que hace referencia la ficha, está en unas terrazas rodeado de bosques. Esta forma de cultivo tradicional aumenta la diversidad paisajística, crea espacios abiertos donde especies protegidas pueden cazar, crea un cortafuegos natural y sobre todo, ha permitido unos ingresos a las personas o familias que cuidaron los almendros y recogieron los frutos.

Partimos en esta ocasión desde Pina de Montalgrao para llegar a Fuente la Reina siguiendo la pista forestal que bordea el monte Pina. En el segundo desvío a la izquierda en cuanto comenzamos a subir, dejando atrás el pueblo, nos dejamos caer por una pista forestal que, atravesando barrancos de exhuberante vegetación, nos llevan a la carretera de Fuente la Reina. En las primeras casas de la población seguimos un desvío que nos lleva en ascenso, hasta la reserva biológica.

Un aljibe en perfecto estado, y todavía en uso puesto que sigue almacenando agua, se encuentra restaurado en parte y con un entorno adecuado para las visitas. El sencillo monumento rural tiene una techumbre a dos aguas y está hecho con ladrillo. En su interior, hay que fijarse en la bóveda que, perfectamente conservada, tiene forma de arco ojival.

Tras la visita seguimos nuestra ruta adentrándonos en la sierra de Pina o Espina para volver, siguiendo los fuertes desniveles de la sierra, hasta alcanzar el último collado de ascenso a la ermita de Santa Bárbara.

Como el tiempo y la noche se nos tiraron encima, optamos por bajar rápido hasta la tranquila población de Pina. Allí, en el bar del pueblo, en la misma plaza, nos ofrecieron comida y cobijo como a los buenos viajeros.

Texto y fotografías: José Manuel Almerich

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