El barranco de Aguas Negras


Hace unos meses tuvo lugar en Segorbe el Curso de Fotografía Digital en la Naturaleza, en el ámbito de Universitat Oberta Jaume I de Castellón. Ahora podemos ver el resultado de la clases, la crónica de la salida práctica y las imágenes captadas por los alumnos.

Dentro del ciclo de cursos organizados por la Universitat Jaume I de Castelló, tuvo lugar en Segorbe el I Curso de Fotografía Digital en Espacios Naturales , técnicas básicas para fotografiar al aire libre. El curso iba destinado a todo aquel que quisiera iniciarse en el mundo de la fotografía digital, así como a los fotógrafos con más experiencia pero que querían saber más o refrescar conocimientos sobre la fotografía de paisaje. Destinado también a senderistas y ciclistas de montaña, a fin de que puedan sacar el máximo provecho a los lugares, que como privilegiados, solo pueden acceder a pie o en bici.

De la salida práctica surgió esta crónica que  os quiero transmitir. El lugar elegido fue el Barranco de Aguas Negras, en Algimia de Almonacid, un paraje peculiar donde todos los elementos se conjugaron para crear un día mágico. Aquí va la crónica, y al final, las fotos en modo presentación de los alumnos. Toda una colección de imágenes, verdaderas obras de arte, que reflejan en el momento y en el lugar, la sensibilidad de los participantes.

Mientras bebíamos el último sorbo de café con miel de Espadán, ha comenzado la tormenta. El cielo se ha oscurecido de repente y el agua ha convertido las calles de Algimia en verdaderos ríos sin control. A su vez, los relámpagos iluminaban el castillo de Almonacid descargando toda su fuerza eléctrica sobre las mismas torres almenadas.

Por apenas unas horas nos hemos librado del aguacero mientras  caminábamos por el interior del barranco. Ni capelinas, ni paraguas ni chubasqueros hubiesen sido suficientes para protegernos de semejante furia celestial. Nos arriesgamos y salió bien. Por esta vez. A cambio y como premio, las montañas envueltas por el halo de lo intemporal nos ofrecieron sus llantos, y de su intimidad, surgieron las mejores texturas. Texturas y tonalidades reservadas solo, para los que en ese momento estábamos allí.

El sábado recorrimos, cercados por la niebla, el barranco de Aguas Negras, en el mismo corazón de la Sierra de Espadán. Como expresa su nombre, el agua que surge con el color del hierro entre las piedras de rodeno,  y aparece y desaparece como una herida sin cicatrizar, brotando de las mismas entrañas de la roca. El paisaje tenía la fuerza mágica de una leyenda de ninfas y nubes, nubes bajas que acariciaban el bosque como  dedos entrelazados en los suaves cabellos de una mujer. Fue una de esas excursiones que das gracias al cielo por permitirte entrar, y porque se quede como está. A veces el viento hacía callar a los pájaros, y éstos a su vez se refugiaban entre las hojas que retomaban el concierto hasta dejar pasar el agua. Y el agua, como un lamento, arrastraba las hojas caídas por el viento. Un ciclo del que apenas nos acordamos que existe y que me trae a la mente, los escenarios más íntimos de la Sierra de Espadán. Una sierra levantada por los dioses a la medida humana, obra maestra de la lluvia y de la piedra, de la piedra habitada. Porque cada paso nos recordaba que el hombre, alguna vez, llegó a vivir en ella: el camino de herradura ascendiendo en cortos lazos, las carboneras, los muros de piedra seca y el mismo bosque cuyos alcornoques, habían sido desprovistos de su corteza protectora. Todo envuelto por una geología rojiza y gris, con estratos afilados como espadas levantadas por encima de almeces silvestres y cerezos en flor.

En los cursos de fotografía, con mucha frecuencia, los discípulos superan al maestro. Porque la foto en la naturaleza refleja el interior del artista y sus inquietudes. Y la creatividad se tiene, no se aprende. Porque una imagen debe transmitir la esencia y no el instante, y la naturaleza te enseña la fuerza intensa de los objetos, que tan solo cuando se capta a través del ojo de un artista,  afloran a la luz.

Durante toda la mañana en un barranco, los alumnos pintaron con la luz, y como la luz era escasa, su creatividad aún fue mucho mayor. Os adjunto los resultados, una selección de las imágenes captadas, perdón, creadas, por ellos. Por la gente de Segorbe y los que vinieron de Valencia, e imaginad, que si un pequeño barranco en Espadán, un día gris y lluvioso, es capaz de ofrecer este espectáculo, cuanto más sería si nos fuésemos,  a la llamada de la primavera, a cualquiera de las grandes cordilleras del planeta.

Ahí van sus obras. Espero que os gusten.

Ver fotografías en modo presentación

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Categorías: Eventos, Lugares con encanto
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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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