La solana del Benicadell


Entre pueblos, ermitas y fortalezas. Una ruta por los caminos del mediodía.

El Benicadell es una de esas montañas que se quedan para siempre grabadas en la memoria. No tiene bosques, ni ríos, ni tan siquiera profundos barrancos que compliquen en exceso su sencilla orografía anticlinal, pero sin embargo es una montaña mítica, especial, distinta, airosa y elegante de afilada silueta. Es, al igual que el Penyagolosa, el Montcabrer o Aitana, una montaña emblemática, simbólica, representativa de una tierra y una comarca con identidad propia

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Mientras que en la orientación al norte esta soberbia montaña exhibe toda su fuerza, al sur sus laderas albergan terrazas de cultivo y protegen masías y poblaciones. Los bancales llegan hasta donde comienza la roca que emerge sobre ellos en verticalidad absoluta. Durante esta ruta tendremos la sensación de pedalear junto a una colosal muralla que produce, al igual que los campos, también riqueza: agua, protección y pastos. Subiremos para seguir lo más fielmente los únicos caminos posibles. Las poblaciones de Gaianes, Lorcha, Beniarres y Turballos surgieron y vivieron, gracias al Benicadell. Las deliciosas huertas regadas por el Serpis y el bien cuidado valle de Perputxent estarán siempre bajo nuestra mirada aunque los cultivos que nos envuelven en nuestro periplo sean principalmente, olivos y almendros.

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El itinerario sigue en un primer momento la vía verde hasta Beniarrés. Pero a partir de esta población remontaremos en la medida de lo posible las ásperas y secas laderas hasta donde podamos llegar en bici. La mayor parte de los caminos suben y bajan para unir nuestro camino paralelo a la sierra con los campos situados en lo más alto. Por eso hemos de seguir el rutómetro al pie de la letra pues en caso de equivocación, una gran mayoría de ellos no tienen continuación. Cruzamos la población de Beniarrés por las calles del Dr. Orero, Rosa Escrig y Alameda hasta seguir a la izquierda para salir del pueblo.

Bruno Almela

Beniarres bien merece una detenida visita. No solamente por el indudable interés que ofrece su patrimonio arquitectónico, sino por los parajes naturales que su término municipal encierra, varios de ellos declarados microrreservas de flora: l’Alt de Senabre y el barranc de la Encantada, el paisaje protegido del Serpis y el parque natural de la Solana del Benicadell.

Desde la población nos dirigiremos a buscar la Font del Barranc del Port, un lugar de esparcimiento muy visitado por los habitantes de Beniarrés, antes de comenzar una exigente subida que nos llevará hasta la misma pared del Benicadell. Bordearemos dos prominentes colinas casi iguales y tras alcanzar el punto más alto entre bancales de olivos y el Tossal Negre, descenderemos por un camino en mal estado hasta la ermita de San Francisco de Paula ya en término municipal de Gaianes. Es en esta ruta donde nos daremos cuenta del relieve que tiene el Benicadell. El piedemonte que hemos subido en bici, está surcado de barrancos y pequeños altozanos de los que se desprende la roca caliza.

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En las pequeñas colinas que se formaron, todas además con nombre propio, se ubican los monumentos más sencillos e interesantes de nuestra ruta: la ermita de San Francisco y el Castellet de Gaianes. Llegamos a Gaianes y seguimos por lo que fue la antigua vereda de Albaida actualmente un camino ancho de tierra. Menos de un kilómetro nos durará la alegría porque volveremos a remontar en fuerte pendiente hacia lo que fue una antigua cantera. Vamos hacia el Castell, cuya partida toma el mismo nombre, un antiguo fuerte que nos impresionará por su robusta construcción. Pasamos junto al siniestro paisaje que ha dejado la cantera abandonada y el camino se adentra en una garganta gris y cerrada, envuelta en rocas amenazantes.

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Superado el estrecho, dejamos a nuestra izquierda las ruinas del Castell, del que tan sólo quedan restos de la torre y se confunden en el paisaje degradado que lo envuelve.
Es zona agreste, de una extrema aridez donde han quedado visibles las superficies de lapiaz, roca desnuda muy erosionada por el agua y cuya piel ha sido arrancada con los sucesivos incendios que ha sufrido esta ladera.

En la parte más alta de este segundo tramo, es ya nuestra última subida, encontramos la explicación en parte a esta situación. El corral de Veneno, una construcción rural de grandes dimensiones, que mantiene intacta la arquitectura tradicional, donde se guardaba el ganado y probablemente vivían sus dueños a temporadas. Estos corrales, cuyo origen aproximado se remonta a principios del siglo XX, momento de la máxima ocupación de nuestras montañas de interior, guardaban el ganado que pastaba en la sierra, ovejas y cabras principalmente, aunque no siempre pastaban juntas. Esta presión sobre la vegetación, igual que ocurrió en Mariola y el resto de las montañas que envuelven el valle, hizo que la deforestación fuese muy intensa. Basta con ver las fotos antiguas para observar que en los años cincuenta, la situación era peor que la actual. Después, las repoblaciones forestales realizadas en el Benicadell, especialmente en la cara norte, llenaron el monte de pino carrasco que años después fueron asolados por el fuego.

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El corral de Veneno tiene un indudable interés etnográfico porque es de los escasos ejemplos de corrales de ganado, con todos los elementos necesarios para esta actividad, que se conserva en buen estado. De hecho estuvo utilizándose hasta hace unas décadas. Vale la pena dar una pequeña vuelta por el edificio, y contemplar la vista que desde allí se tiene sobre el valle del Serpis y las poblaciones cercanas.
Seguimos ahora por senda y bajando entre campos de almendros atravesamos un pequeño barranco para ascender de nuevo. Ya sin pérdida posible, y siguiendo el rutómetro con clara orientación llegamos a Turballos, uno de los pueblos más antiguos de la comarca, actualmente habitado y restaurado por una comunidad cristiana que realiza allí actividades culturales y religiosas.

Turballos
Lo cruzamos por la calle Mayor y salimos por las últimas casas a un camino asfaltado que nos lleva en rápido descenso a la vía verde Alcoy-Gandia que seguimos a la izquierda de nuevo en dirección a Gaianes, descartando en todo momento los desvíos que llevan a campos y casas de campo. Siempre por la vía, alcanzamos la población que atravesamos longitudinalmente para volver a seguirla por el otro lado del pueblo.

A la entrada de Gaianes deberemos seguir por la calle Beniarrés hasta que, una vez de nuevo en la antigua vía, coincidamos en el mismo punto de ida volviendo ya por el mismo camino a Beniarrés y Lorcha.

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Categorías: Comunitat Valenciana, Excursiones
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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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