Pixurri


José Manuel Martínez, Pixurri, el cicloturista y escultor valenciano que ayudó a recuperar un pueblo abandonado.

No me moriré aburrido, nos comenta José Manuel Martínez, mas conocido como Pixurri- mientras tomamos un té con especias en 1492, una cafetería de Albal, su pueblo natal.

Pixurri, cuyo apodo le viene de familia, no sabe con exactitud lo que significa. Su bisabuelo ya era Pixurri. A a su padre, a su abuelo y a él siempre le han llamado así. Incluso sus propios allegados y sus mejores amigos. –Es mi verdadera identidad, pero ni conozco su origen ni su significado. Lo que sí sabemos es que tiene unas connotaciones cariñosas, como un calificativo de apego, emocional. Su apodo además ha dado nombre a una Casa Rural en el Valle de Tena, de la que luego hablaremos puesto que con su construcción, Pixurri contribuyó a recuperar un pueblo abandonado.

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Nuestro protagonista es una persona tremendamente activa, incansable, polifacética y sobre todo, creativa. La creatividad y sus obras le nacen de su interior, no sabe porqué, pero es capaz de construir una casa, trabajar con sus propias manos en la restauración de un pueblo, crear esculturas de barro con una sensibilidad fuera de lo común a pesar de la rudeza de la arcilla, y a su vez, cantar en ocasiones con Pep Botifarra Miquel Gil.

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Pero lo que nos trae aquí al Pixurri es su afición por el cicloturismo, y como ésta actividad que a menudo realiza en solitario, le ha condicionado una parte importante de su vida y ha marcado también, proyectos profesionales. Precisamente esta afición y sobre todo, su participación en grandes eventos deportivos, fue lo que le llevó a vincularse de forma activa en la recuperación de Lanuza, un pueblo abandonado en el corazón del pirineo aragonés.

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Pixurri ha sido albañil, constructor y empresario. Sigue trabajando como el primer día y reconoce que no puede estar sin hacer nada, por eso en su tiempo libre se dedica a la música y a la escultura. Tiene una voz fuerte, potente, valenciana, y se considera gran admirador de Pep Gimeno (Botifarra) en la recuperación e interpretación de canciones populares antiguas. Su pasión es el cant de Batre, las canciones que entonaban las collas de trabajadores mientras segaban el trigo y separaban el grano de la paja u otras labores de campo.

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Su otra faceta es la de escultor. Modela figuras en barro y son piezas frágiles que le salen de dentro, sin modelos, reflejando sus inquietudes y con un significado claro que nos explica mientras vemos las figuras. En su última exposición en la casa de la cultura de Picassent pudimos observar parte de su obra, y darnos cuenta de la sensibilidad que emanan, y lo que transmiten, sobre todo por la textura del barro primigenio, el que surge de la tierra, modelado con sus manos, fruto de técnicas propias y otras aprendidas en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia. Pixurri es, como escultor, un obsesivo autodidacta. Sus obras le salen sin más, brotan de su interior y nacen solas, sin moldes ni modelos, pero con alma.

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Nuestra conversación transcurre pausada, con calma, pero Pixurri no para de hablar. En su mente se agolpan ideas, proyectos, inquietudes que desea transmitir con rapidez, como una olla a presión. Se ilusiona con cada pensamiento y todos los pretende llevar a cabo, uno tras otros, pero lo antes posible.

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En su faceta cicloturista, Pixurri ha recorrido los parajes más importantes de la Comunitat Valenciana y también, del resto de España. En estos momentos acaba de volver del Camino de Santiago desde Lanuza (Huesca), y también ha realizado el Camí dels Bons Homens (la ruta de los Cátaros), el camino del Cid, el Maestrazgo, la Bretaña desde Lanuza, Vuelta a Asturias y Cantabria, y ha cruzado varias veces los Pirineos. Su fortaleza física y mental le permiten realizar estas travesías sin apenas entrenamiento, donde hubo queda, me comenta, y aunque ahora he ganado unos kilos por la falta de ejercicio, cuando se monta en bici es todo cuestión de cabeza. Un viaje no se entrena -me comenta- se hace. No amedrentarse por nada y convertir sueños en realidades, sólo con tu propio esfuerzo. Y entre ellos, contribuir a la recuperación de un pueblo abandonado.

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Lanuza lo descubrí mientras estaba haciendo la Quebrantahuesos, -nos comenta-, una prueba de alto nivel para ciclistas muy preparados. Cuando pasé por el valle de Tena, desde el otro lado de la carretera vi un pueblo que se hundía en la desolación, abandonado, en ruinas, donde apenas sobresalía de los escombros, la torre de la Iglesia. Inmediatamente pensé, yo quiero tener una casa allí.

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Y así lo hizo, unos años después volvió al valle y compró un solar en el pueblo de una casa desaparecida. Las viviendas habían sido derruidas y vandalizadas tras la expropiación por la construcción del embalse. Apenas quedaba nada pero yo aposté por comprar el solar, y sobre él, construir una casa de cinco plantas con tejados de pizarra y piedra del terreno, como las techumbres antiguas del pueblo. Una vez acabada, equipada y dotada con todo lo necesario la destinó al turismo rural, “Casa Pixurri”, que los aragoneses conocen como la casa del valenciano, a la que a la visión romántica de un emprendedor, se unió la visión práctica de un empresario: la cercanía de las pistas de esquí, la belleza del entorno, el inmediato embalse que jamás cubrió el pueblo en su totalidad, y que en primavera adquiere tonalidades de azul turquesa, y estar ubicado en un lugar punto de partida para innumerables excursiones y ascensiones.

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Pixurri está orgulloso de todo lo que hace, pero sobre todo, de haber aportado su grano de arena en la recuperación de un pueblo abandonado, un pueblo que a pocos se les hubiera ocurrido que podría renacer y sobre todo, que alguien podría alguien invertir allí, en un rincón perdido del valle de Tena, muy cerca de donde Julio Llamazares se inspiró para su tremenda novela “La Lluvia Amarilla

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Pixurri, el cicloturista, escultor, el valenciano que canta canciones de batre i albaes, colaborador de una de las mejores voces que ha tenido la Comunitat Valenciana, Pep Botifarra, sigue recorriendo en bici los paisajes valencianos en su bicicleta de montaña. Sigue disfrutando del viaje en bicicleta en un entorno en que los inviernos aquí, ya casi no se notan, pero sin olvidar que allí, en los bosques y montañas del corazón del valle de Tena, tiene también su segundo hogar.

Texto: José Manuel Almerich/Fotos: José Manuel Martínez, Almerich, Casa Pixurri

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Categorías: Comunitat Valenciana, Lugares con encanto, Nuestros protagonistas
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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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