Les Corregudes de Joies


Una tradición centenaria que combina historia, deporte y cultura

Es posible que no exista ningún lugar  en toda la Comunitat Valenciana que haya sido  tan castigado por las expropiaciones: el cauce nuevo del río, la autopista, el paseo marítimo, la depuradora y demás infraestructuras viarias, ampliaciones propias del entorno de una ciudad.

Aun así, Pinedo tiene  sentido de pueblo, con distintos núcleos, pero con marcado sentimiento de pertenecer a  un mismo origen común arraigado a la huerta de Valencia y sus tradiciones como son las Corregudes de Joies, o Carreras de Joyas según su traducción literal, que se realizan al atardecer  en la orilla  de la playa cuando los jinetes montan a pelo soberbios caballos mientras suena el tabal y la dulzaina, en una atmósfera indescriptible.

Estas carreras cuyos orígenes se remontan ciento cuarenta años atrás, cuando los labradores competían con sus caballerías de trabajo, al finalizar la jornada en la huerta. El premio al ganador, una joia, o ramito de flor que entregaban a su prometida.

Con este extraordinario ambiente me encontré el pasado jueves, día 2 de agosto, al comenzar una excursión en bici desde la ciudad de Valencia hacia la Devesa y la Albufera siguiendo  el carril bici que comunica un paisaje urbano con un parque natural.

Y quedó para otro día la excursión prevista, que reduje a  la mitad,  para contemplar el  espectáculo del hombre y el caballo, cuerpo a  cuerpo, la belleza del momento y la conexión entre el ser humano y el animal más noble que existe, pilar fundamental en la vida de la huerta valenciana. El premio una corona de laurel con pañuelos de seda que entregarán a su novia o novio, pues también desde hace unos  años, compiten en  igualdad de condiciones las amazonas, mujeres valientes que dominan a la perfección el arte de cabalgar sin silla de montar.

En Pinedo existe una gran afición a las caballerías según me contaron allí y son numerosos los hombres dedicados a adiestrar caballos para la práctica del tiro y arrastre, una tradición ecuestre muy antigua que pervive también en otros pueblos valencianos del Horta Sud, así como en otras comarcas de Castellón y Valencia. No es extraño hoy en día, ver todavía a alguna familia dirigiéndose a la playa para cenar con la puesta de sol a la fresca, disfrutando de la brisa marina tan reconfortante en verano.

Y para que lo disfrutéis vosotros también, aquí os dejamos las fotos de un  momento fascinante, un momento de fusión entre historia, el deporte y la tradición con los jóvenes encargados de mantenerla para siempre.

Texto: José Manuel Almerich/ Fotos: Mayte Martínez

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José Manuel Almerich

José Manuel AlmerichEscritor, geógrafo y ciclista de montaña, José Manuel Almerich es un apasionado de la bicicleta por caminos forestales y divulgador por naturaleza del patrimonio rural valenciano. Viajero incansable, ha publicado [...]

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